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Marpa


La vida de Marpa

Por: Brooke Webb

Las enseñanzas del Buda fueron preservadas en India en una forma completa alrededor de
unos mil quinientos siglos hasta la llegada de los invasores musulmanes a principios del siglo
XI. Fue la mano de la espada islámica la que casi destruyó el Budismo en el subcontinente.
Afortunadamente, todas las enseñanzas para alcanzar la iluminación fueron llevadas al Tíbet
alrededor de los años 770 D.C. por los maestros Santaraksita y Gurú Rinpoche antes que
ellas desaparecieran casi por completo de India, la tierra de su origen. Bajo la guía del gran
rey de Tíbet, Trisong Deutsen «La Tierra de las Nieves», se convirtió en un pilar de la práctica
budista para el año 792 D.C.
Sin embargo, este exitoso establecimiento del Budismo en Tíbet no duró. Luego de asumir el
poder en 836 D.C., el Rey Langdarma virtualmente desapareció el budismo del país. El
restablecimiento del Budismo en Tíbet ocurrió en gran medida gracias a Marpa, el gran
traductor de Lhodrak. Este gran maestro establecería el gran ejemplo de combinar un estilo
de vida budista laico libre y abierto con la poderosa visión del yogui.
Marpa nació en 1012 en el sur del Tíbet en una pudiente familia campesina. Durante su vida,
Marpa realizó tres largos e inseguros viajes a India durando 12, 6 y 3 años respectivamente.
En cada ocasión él trajo de regreso los profundos métodos tántricos y enseñanzas de Buda,
espigados de una amplia batalla de adeptos masculinos y femeninas indios budistas. El más
conocido entre estos fue el yogui Naropa, quien previamente había abdicado a su posición
como un aclamado abad y maestro de intelecto de la famosa universidad de Nalanda en
India. Naropa, tras la inspiración de un horrible anciano arrugado se marchó para hacerse
estudiante de un desconocido y extravagante maestro, el feroz yogui: Tilopa.
Como un niño Marpa había sido agresivo e impaciente. Temiendo lo peor, sus padres lo
enviaron lejos a la edad de doce años a estudiar el dharma, el equivalente de ser embarcado
a un internado extranjero para asegurar la preservación de la paz en el hogar. Marpa llegó al
valle occidental Nyugu en Tíbet para estudiar con un conocido traductor llamado Drogmi.
Luego de tres años de intensos estudios budistas, Marpa había dominado numerosos
dialectos indios, pero se dio cuenta que necesitaba una considerable instrucción adicional si
sus aspiraciones espirituales esperaban dar algún fruto. Marpa buscó en la India por las
enseñanzas que pudieran darle una experiencia directa mas allá de una filosofía meramente
intelectual. Él pidió por esto y recibió una generosa herencia de su padre y la convirtió toda
en oro.
Luego de una exhaustiva jornada a través de los altos pasos montañosos, planicies y ríos
Himalayas Marpa llegó a Katmandú, Nepal, en el paraje de la Estupa Swayambhu. Aquí,
Marpa y su compañero de viaje «Nyo» se pararon a descansar. Marpa se hizo amigo de
Chiterpa y Paindapa, dos lamas locales nepaleses, estudiantes del gurú indio: Naropa. Tras
oír sobre Naropa, profundos recuerdos brotaron en Marpa y su excitación se hizo tan intensa
que el vello en su cuerpo se erizó. Chiterpa y Paindapa le pidieron quedarse en Katmandú
mientras su cuerpo se adaptaba al calor sofocante de la baja latitud. Marpa fue iniciado en
todas las prácticas de meditación que este par pudo compartir con él y lo exhortaron a que
personalmente visitara a Naropa, al cual se referían como un «Segundo Buda».
Luego de tres años en Katmandú, Marpa partió a India para buscar él mismo a Naropa.
Llevaba consigo una carta introductoria de sus amigos nepaleses. Nyo, desconociendo las
prácticas ascéticas de Naropa, partió a otro lugar a buscar a los gurús más famosos de India.
Naropa estaba lejos de Pullahari cuando Marpa llegó y se fue a quedar cerca con un
estudiante de Naropa llamado Prajnasimha. Antes que su presencia fuese dada a conocer al
gurú, un mensaje de Naropa llegó: «Hay un budista tibetano quedándose con ustedes,
tráiganlo a Pullahari».
Ese fue un encuentro emocionante que aparentemente había sido aparentemente profetizado
hacía tiempo por el propio gurú de Naropa: Tilopa. Naropa, feliz de recibir al futuro
sostenedor de su linaje, le cantó a su hijo espiritual:

«De acuerdo con la profecía del Gurú [Tilopa]                                                                                                        mi hijo, el notable recipiente Marpa Lodro,
Desde la nevada tierra del norte,
Es bienvenido a asumir la regencia.»

De Naropa, Marpa recibió la iniciación en el mandala de Hevajra, un aspecto de la meditación
para alcanzar la iluminación. Este aspecto, encarnaba la unión gozosa entre un Buda
masculino y uno femenino, transforma los apegos y el placer de los sentidos en una profunda
realización en la bienaventuranza y la naturaleza sin forma de la mente. Marpa se quedó
cerca de Naropa meditando en este aspecto Buda por un año. Signos excepcionales de
desarrollo surgieron en su mente, acompañados de la aparición de profunda intuición y
destellos internos. Marpa fue, entonces, enviado por Naropa a recibir mas enseñanzas
tántricas del gurú Jnanagarbha y otros maestros calificados que habían alcanzado los siddhis
(poderes iluminados) de la realización.
Naropa envió a Marpa al sur de la India a buscar al famoso Mahasiddha, Kukkuripa. Luego de
dos arduas semanas de viaje durante el cual estuvo constantemente seguido por dos aves,
Marpa finalmente llegó a una isla en el centro de un lago volcánico venenoso. El
acercamiento final a esta desolada isla, hogar del evasivo gurú, fue un nado a muerte. Tras
llegar al salubre lugar, el cielo diurno se volvió denso con nubes negras, tanto alumbraban
los rayos e inundaba de lluvia, como nieve caía del cielo. El sonido de los constantes truenos
asustó tanto a Marpa que comenzó a preguntarse si él todavía estaría vivo o en algún estado
después de la muerte.
Después de una búsqueda considerable, Marpa, eventualmente, encontró al extraño y
excéntrico gurú, cubierto completamente con las plumas de un ave. Las primeras palabras
de la boca de Kukkuripa fueron: «aún una ruta tan difícil como esta no los mantiene lejos de
aquí a ustedes tibetanos nariz chata «. Marpa le explicó a su bizarro anfitrión que él había
sido enviado por Naropa para recibir instrucciones especiales de meditación. Kukkuripa
comenzó por soltar una gran invectiva contra Naropa, diciendo: «Este tan llamado Naropa no
tiene un amplio aprendizaje. Un Mahapandita sin experiencia de meditación es risible».
Finalmente, tal como los conceptos de Marpa empezaban a deshacerse, Kukkuripa finalizó
sus juego y felizmente le dio a Marpa las profundas enseñanzas que buscaba. Esto reveló
que las dos aves habían sido enviadas como protectores para asegurarle a Marpa un viaje
seguro.
Mientras viajaba en la India del sur, Marpa repetidamente hizo fuertes deseos a Maitripa, un
sostenedor del linaje de Nagarjuna y el gran Brahman Saraha, cuya posterior encarnación
sería conocida como el Karmapa. En un sueño, una bella mujer se le apareció a Marpa como
una mensajera de Maitripa, dándole fuertes bendiciones al colocarle una vasija en el tope de
su cabeza. Él despertó sintiéndose gozosamente feliz. En su retorno a Pullahari en el norte
para revisar a Naropa, Marpa fue alentado para buscar a Maitripa en persona. Este gurú
también vivía en un lugar inconveniente. Muchos de sus amigos disuadieron a Marpa de
proseguir la difícil y peligrosa búsqueda de Maitripa. Su respuesta hacia ellos fue: «Yo no
estoy buscando riqueza en esta vida, sea que muera o no, yo debo buscar el Dharma».
Eventualmente Marpa encontró a Maitripa sentado bajo un árbol en un monasterio en una
alta montaña llamada «Montaña de las Llamaradas de Fuego». Maitripa jugó el papel de un
padre espiritual en el desarrollo de Marpa, casi tan significante como aquel de Naropa. De
Maitripa, Marpa recibió el nombre secreto Vajracitta junto con la transmisión oral del
Mahamudra, enseñanzas de la más alta realización. Al mismo tiempo Maitripa introdujo a
Marpa en los dohas, o canciones poéticas espontáneas para las cuales Marpa y su futuro
estudiante Milarepa se harían tan famosos. Naropa continuó enviando a Marpa a viajes
largos para recibir enseñanzas de los diferentes yoguis masculinos y femeninos, cada uno de
los cuales se sobrepasaba cualidades iluminadas y quienes podían transmitir las instrucciones
especiales del despertar.
Luego de sus extensos viajes, Marpa se estableció para practicar meditación intensiva.
Experiencias y realizaciones especiales del insuperable mantra secreto comenzaron a surgir
en su mente. En un momento mientras él meditaba, una gran felicidad surgió por siete días,
tan intensa que no podía mover su cuerpo, hablar o ni siquiera tener un pensamiento
conceptual. Durante los años dedicados a la práctica de meditación profunda, muchos signos
increíbles surgieron tal como el gozo del tummo, el yoga del calor interno.

Luego de doce años en India, el oro de Marpa finalmente se había agotado y decidió regresar
a Tíbet. Un gran festín fue arreglado y Marpa se despidió de su amado gurú y amigos.
Colocando su mano en la cabeza de Marpa, Naropa le cantó algunas instrucciones de partida:

«Tú, Marpa el traductor del Tíbet
No hagas los ocho Dharmas mundanos la meta de tu vida,
No crees la predisposición en ti mismo o en los demás de codicia y fijación,
No difames a amigos o enemigos,
No distorsiones los caminos de otros,
El aprendizaje y la contemplación son las antorchas que iluminan la oscuridad,
No seas insidioso en el camino supremo de la liberación,
Previamente, hemos sido gurú y discípulo,
Mantén esto contigo en el futuro, no lo abandones.
Esta joya preciosa de tu mente,
No la lances al río como un idiota.
Vigilala cuidadosamente con indestructible atención
Y realizarás todas las necesidades, deseos e intenciones.»

En su regreso a casa, Marpa encontró a su viejo compañero de viaje, Nyo. En India, Marpa
se había topado con Nyo varias veces para comparar enseñanzas y resultados. Ahora ambos
decidieron volver a Tíbet juntos. Mientras cruzaban el Ganges, Nyo había lanzado todos los
textos de Marpa al río, tal era el celo que Nyo había desarrollado por el éxito espiritual de
Marpa. Con algo de fuerte advertencia de salud mental, Marpa se separó de la compañía de
su ambicioso conocido. Él contempló regresar a India por los textos, pero se percató que su
esencia y significado estaban sólidamente guardados en su mente.
Parando en Kathmandu, Marpa visitó de nuevo a sus amigos lamas nepaleses, compartiendo
con ellos las historias y enseñanzas de su aventura en India. En la frontera tibetana Marpa
fue detenido por oficiales aduanales durante varios días. Aquí él tuvo un sueño vívido en el
cual era guiado por dos adorables mujeres jóvenes vistiendo los hilos brahmánicos para
recibir las enseñanzas de Saraha, el gran Brahmin Mahasiddha, del linaje de Nagarjuna. El
brillo majestuoso de Saraha fue algo que Marpa nunca antes había visto. Estas fueron las
instrucciones de Saraha para Marpa:

«Namo, Compasión y vacuidad son inseparable
Esta mente de flujo ininterrumpido innato
Es tal como es (suchness), primordialmente pura.
El espacio es visto en intercambio con el espacio
Porque la raíz reside en casa,
La mente conscientemente está aprisionada.
Meditando en esto, los pensamientos subsiguientes
no son remendados juntos en la mente.
Sabiendo que el mundo de los fenómenos
es la naturaleza de la mente,

La meditación no requiere de antídotos adicionales.
La naturaleza de la mente no puede ser pensada.
Descansa en este estado natural.
Cuando veas esta verdad,
serás liberado.
Tal como un niño lo haría, observa el comportamiento de los bárbaros.
Sé libre de cuidado, come carne, se un demente.
«Tal como un león sin temor,
deja a tu mente elefante vagar libremente
Mira a las abejas volar sobre las flores.
Sin ver al samsara como erróneo,
No hay cosa tal como obtener el nirvana.
Este es el camino de la mente común.
Descansa en la frescura natural.
No pienses en actividades.
No te apegues a un lado o una dirección
Examina en el medio del espacio de la simplicidad.»

Hacia su regreso al Tíbet, las realizaciones de Marpa comenzaron a ser aclamadas. La fuerza
de su bendición y su poder de curar rápidamente se hicieron bien conocidos, y estudiantes
notables aparecieron desde lo ancho y lejos. Marpa viajó dando enseñanzas y rehaciendo sus
reservas de oro para su viaje de regreso a ver a Naropa. De regreso a casa en Lhotrak,
Marpa acumuló muchos estudiantes y tomó una esposa llamada Dagmema, así como
también a varias otras consortes con cualidades finas. Su primer hijo, Tarma Tode, y otros
nacieron para él. Incluso el propio hermano mayor de Marpa se hizo su estudiante. Marpa
comenzó a establecer en Tíbet lo que luego sería conocido como el linaje Kagyu del Budismo
Tibetano.
Marpa regresó a India por segunda vez, al mandato de Naropa. De nuevo visitó a todos sus
maestros, esta vez recibiendo de cada uno amplios comentarios y clarificaciones sobre los
profundos métodos que él originalmente había estado dando. Él tradujo cada uno de estos al
Tibetano. Marpa fue también asignado por Naropa con instrucciones adicionales de las
enseñanzas del linaje del rey Indrabhuti y Saraha.
Un día un monje indio llamado Akarasiddhi vino a visitar a Naropa por instrucción, luego
partió para Tíbet donde planeaba dar enseñanzas en varios métodos tántricos. Esto evocó
una puntada de celos en Marpa. Hacia su llegada en Tíbet, Akarasiddhi se dio cuenta a través
de la intuición, que él tenía vínculos con un solo estudiante y rápidamente abandonó sus
planes de enseñar en ese país. De regreso en Pullahari, Akarasiddhi bromeó que no había
hecho lo que Marpa temía y que enseñó a solo una persona en Tíbet, y dijo: «En el futuro tú
serás la gloria de las enseñanzas y de los seres sintientes». Marpa se dio cuenta que tenía
que guardar sus pensamientos inseguros más cuidadosamente.
Luego de seis años mas de estudio intensivo, Marpa había encontrado las respuestas y
aclaratorias a las extensas prácticas de meditación que había aprendido. De nuevo se
despidió de Naropa. Ofreciéndole a Marpa regresar otra vez por enseñanzas especiales,
Naropa dijo adiós.

De regreso en Tíbet, los estudiantes de Marpa le dieron la bienvenida a casa a su lama con
gran gozo, y muchas celebraciones y empoderamientos fueron dadas. En ese momento llegó
Milarepa, quien llegaría a ser el discípulo más famoso de Marpa. Milarepa, al mando de su
madre, y para buscar venganza en contra de miembros de su familia quienes había robado
su propiedad se había convertido en un consumado mago negro. Usando su poder había
matado a 34 miembros de la familia de sus tíos y tías. La habilidad de Marpa como maestro
fue completamente colocada al frente mientras él llevaba tortuosamente a su discípulo,
Milarepa, al borde del suicidio.
Marpa llevó a cabo esto asignándole a Milarepa la tarea de construir y reconstruir una
enorme torre de piedras. En cada paso Marpa fingía extremada rabia y crítica hacia su
devoto estudiante, regañándolo y humillándolo, una y otra vez, por un período de años.
Llevándolo repetidamente a la desesperación, el karma de Milarepa fue aclarado y Marpa lo
entrenó como un yogui destacado. Haciéndose un asceta, comiendo rara vez y meditando en
montañas solitarias, Milarepa, con el tiempo, fue conocido como el mas grande Yogui de
Tibet y sus poderes mágicos se hicieron material de leyendas.
Muchos años después, Milarepa, mientras practicaba meditación solitaria en una cueva de
ladrillos, recibió un sueño de una bella daikini o Buda femenino. Le dijo que ahora él poseía
los métodos para alcanzar la budeidad a través de un esfuerzo considerable. Ella lo exhortó
también a obtener los métodos que requieren poco esfuerzo; las enseñanzas especiales de la
transferencia de la consciencia. Jetsun Milarepa, desafiando las instrucciones de su lama,
rompió su confinamiento para conferenciar con Marpa. Ellos se dieron cuenta que esta
enseñanza era una que Naropa aún debía transmitir. Siguiendo esta revelación, Marpa
inmediatamente puso en marcha los planes para regresar hacia el precioso Naropa. Hasta
ahora bien pese a los años, él estaba determinado a alcanzar India rápidamente. Su familia y
estudiantes, tratando de preservar su salud y su vida, ocultando su oro y sus provisiones.
Reiteradamente le rogaron que no fuera, pero él los apartó toda persuasión de cualquiera. En
el camino de vuelta a India, Marpa conoció a Atisha, quien habría fundado la escuela
Kadampa del Budismo Tibetano. Atisha informó a Marpa que Naropa se había ido a vagar en
solitario, y que había abandonado toda meditación formal. Su paradero no era conocido por
nadie.
Marpa ahora viajó a lo largo y ancho para encontrarse con sus gurús, todos quienes
predecían por sueños que el encontraría de nuevo a Naropa. Kasoripa, uno de los guías de
Marpa, recibió la profecía:

«En el inmutable Pullahari
El Mándala puro de la luna
Naropa te mostrará
El espejo dharmakaya de tu mente»

Marpa ahora comenzó su búsqueda seria, tanto solo como con amigos. Alrededor de los
siguientes ocho meses Marpa pensaba continuamente en Naropa y tenía contacto con él a
través de visiones. Durante los ocho meses Marpa se vió a si mismo persiguiendo a Naropa,
pero siempre incapaz de atraparlo. Él escuchó las instrucciones orales:

«Si el caballo de la no-acción, dharmata y luminoso
no galopa libremente yendo y viniendo,
como un ciervo persiguiendo un espejismo
No estas vagando en el terreno de la futilidad?»

Marpa, viejo, cansado y frustrado, ahora también se tornó deprimido. Finalmente encontró a
un vaquero quien le mostró una huella de Naropa en una roca de cristal. Marpa realizó
repetidos fuertes deseos a Naropa y un día vio una bola de luz de arco iris emanando de las
ramas de un árbol de sándalo, la cual fue la imagen vívida del dios tantrico Hevajra. Esta
imagen de luz se fundió en el corazón de Marpa. Naropa mismo apareció seguidamente y
Marpa se llenó de intenso gozo. Marpa le dio a Naropa su entero abastecimiento de oro, el
cual fue rápidamente arrojado al bosque. Viendo el desaliento de Marpa, Naropa abrió sus                                 manos y el oro reapareció, «si sientes una perdida, aquí esta otra vez», dijo Naropa. Luego
golpeó su pié en la tierra y esta también se convirtió en oro.
Naropa le dio la profecía de Tilopa referente a la actividad de Marpa para el beneficio a los
seres:

«Con el sol de la sabiduría autoliberadora,
En el monasterio de Pullahari
Disipa la oscuridad de la ignorancia de Mati’s (Marpa)
Permite a la luz de la sabiduría prevalecer en todas partes»

De regreso a Pullahari, parte de la forma de Tilopa apareció en las nubes. En ese momento
Marpa solicitó la enseñanza secreta sobre el lanzamiento y transferencia de la consciencia
que había pedido Milarepa. Al escuchar la petición, Naropa se postró tres veces hacia Tíbet
para honrar a Milarepa. Se dice que aún hoy en día los árboles alrededor de Pullahari se
inclinan hacia el Tíbet en continuo homenaje al poder de Milarepa. Naropa le dio a Marpa la
transmisión del linaje de la daikini Chakrasamvara y las enseñanzas del lanzamiento y
transferencia de la consciencia, las cuales llevan rápidamente a la iluminación. Esa
transmisión fue restringida a un solo sostenedor del linaje.
De manera de hacer una predicción para el futuro del linaje de Marpa, Naropa lo levantó
temprano una mañana para mostrarle su aspecto de meditación: Hevajra, manifestándose
vívidamente en el cielo. Marpa se levantó y se postró hacia la brillante apariencia del yidam,
en vez de a Naropa mismo. Naropa amonestó a Marpa, «ese mándala es mi emanación»,
dijo, mientras el yidam se disolvió en el corazón de Naropa. Continuó:

«Antes que cualquier gurú existiera,
aún el nombre del Buda no se escuchaba.
Todos los budas de miles de kalpas
Solo se manifiestan debido al gurú.»

Naropa predijo que si bien el linaje de Marpa no duraría en su propia familia, su línea de
Dharma continuaría tanto como las enseñanzas del Buda, cada generación siendo mejor que
la anterior. Siguiendo a este incidente, Marpa se puso enfermo, casi hasta el punto de morir,
y fue asaltado por repetidas pesadillas. Luego de su recuperación física Marpa cayó en una
fuerte depresión mental, durante varios meses. Su melancolía finalmente se levantó cuando
Naropa le cantó algunas de las profundas instrucciones orales del Buddha. Naropa le
prometió a Marpa éxito supremo para su linaje espiritual, y le ordenó regresar a Tíbet para
establecer completamente ahí las enseñanzas sobre la naturaleza de la mente. Naropa le
aseguró a Marpa que se reunirían de nuevo, y que luego de la muerte ellos se harían
inseparables. Marpa derramó muchas lágrimas antes de dejar a su maestro y amigos. Él dejó
una huella en una piedra en Pullahari, la cual aún está allí hoy en día. Una vez más Marpa
visitó a todos sus maestros antes que finalmente partiera en su largo viaje a casa.
En Nepal, Marpa asistió al funeral de su viejo amigo Chiterpa. Le fue solicitado dar
enseñanzas en una reunión de viejos amigos, les dio en canción las instrucciones básicas de
su gurú, Maitripa:

«El aferramiento externo, la apariencia de los objetos sentidos,
continuamente fluyen como gran gozo.
Realicen esto como el dharmakaya no nacido.
Fijación interna, la consciencia de la mente es discursiva,
La cual no puede ser tomada como real.
Por lo tanto, véanlo como el entendimiento desnudo sin base.

«Generalmente todos los dharmas de existencia aparente
son primordialmente no existentes y no nacidos.
Realícenlos como la esencia de la simplicidad.
«No deseen abandonar el sámsara
y no hay nirvana que alcanzar
sámsara y nirvana son los estados innatos autoliberados
Realicen esta unidad como gran gozo.
Aún si vacían la mente de los budas de los tres tiempos,
No hay nada más definitivo que esto.»

Con intensa nostalgia por sus temerarios gurús, Marpa decidió volver a India en vez de Tíbet.
Una dakini aparecida en un sueño le aseguro que sus futuros estudiantes lo esperaban ahora
en Tíbet. Antes de movilizarse, Marpa recibió en un sueño, otras enseñanzas de Maitripa
sobre la visión definitiva, el Mahamudra. Estas él las aprendió de memoria:

«En general todos los dharmas son la mente.
El gurú surge de la propia mente
No hay nada más que la mente,
todo lo que aparece es la naturaleza de la mente,
La cual es primordialmente no existente.
El estado natural, no nacido e innato,
no puede ser abandonado por el esfuerzo del pensamiento.
Así que descansa en la facilidad, naturalmente, sin restricción.»

Los estudiantes tibetanos de Marpa estaban extasiados de tener a su adorado lama de
regreso a salvo. A algunos discípulos Marpa les dio regalos de objetos empoderados por
Naropa. Le contó a sus amigos cercanos la historia de su exitosa búsqueda por Naropa y dio
muchas enseñanzas nuevas.
Una vez de vuelta a casa en Lhotrak, Marpa comenzó también a dar demostraciones de la
transferencia de la conciencia. Proyectando su mente desde su cuerpo, Marpa reanimó los
cadáveres de varios animales. Inicialmente practicó la transferencia en cuerpos de una
paloma, una oveja, un ciervo y un yak. Durante las demostraciones el propio cuerpo de
Marpa literalmente se volvió hacia la agonía de la muerte completa, y muchos de sus
estudiantes pusieron muy asustados. Miembros familiares escépticos y previamente
juzgadores de Marpa se hicieron fuertes devotos del Lama luego de esas dramáticas
exhibiciones.
Marpa transmitió las enseñanzas de la transferencia a su hijo mayor Tarma Dode, cómo el
solo y único sostenedor del linaje. Desafortunadamente, esa transmisión no perduró
demasiado. La familia de Marpa, siguiendo las instrucciones de Naropa, ingresaron todos a
un retiro estricto por 3 años. Sin embargo, luego del primer año de su retiro, una gran feria
fue celebrada en Lhotrak. Marpa o su hijo, Tarma Dode fueron públicamente solicitados para
asistir como invitados de honor. En contra de los deseos de su familia, Tarma Dode, para el
momento un aclamado alto lama en su propio derecho, dejó la casa para asistir a la
celebración. Su madre, Dagmema, le rogó que no fuera y especialmente le pidió que bajo
ninguna circunstancia diera enseñanzas del Dharma, discursos, bebiera cerveza o montara a
caballo, entre otras cosas.

Una vez en la feria, Tarma Dode terminó rompiendo cada promesa. Como honor a su
estación, le fue dado un magnífico caballo blanco. Mientras cabalgaba la poderosa bestia a
casa desde la feria fue lanzado de su silla de montar, su pie quedó atrapado en el estribo y
golpeó su cabeza en una roca. Con su cerebro saliendo del cráneo partido, Tarma Dode fue
llevado por Milarepa y compañeros de regreso al sus padres rotos de corazón. Desde que su
hijo estaba muriendo, Marpa exhortó a Tarma Dode a practicar por primera vez el Phowa y
lanzar su mente al centro del corazón de su padre. No deseando hacer esto, el hijo,
cavilando dentro y fuera de la conciencia, pidió a su padre que le consiguiera el cuerpo de
algún hombre joven muerto recientemente.
Los estudiantes de Marpa se movilizaron y el cuerpo de una anciana con bocio fue llevado a
la casa, lo mejor que ellos pudieron conseguir. Tarma Dode rehusó tener algo que ver con
este cuerpo. Eventualmente, fue persuadido de lanzar su mente hacia el cuerpo de una
paloma, que recién había muerto de agotamiento tras ser perseguida por un águila. Luego
de cierto tiempo, ofreciendo cuidadosas instrucciones, envió a la paloma, su hijo, fuera de
India en el lugar donde el funeral de un joven muchacho se estaba por realizar. Ahí, en
India, la familia del joven fallecido quedó sorprendida al atestiguar el retorno a la vida a su
hijo. Este chico luego se hizo conocer como el gran gurú Indio «Tipupa» quien,
eventualmente, dio profundas enseñanzas orales a Rechungpa, el hijo de corazón de
Milarepa.
Marpa continuó enseñando el Dharma budista a través de Tíbet. Para entonces, muchos de
sus estudiantes se habían convertido en lamas reconocidos por si mismos, con sus propios
estudiantes. Marpa a los 80 años de edad y acercándose al final de su vida, había alcanzado
completos los siddhis o poderes. Él mostraba incontables milagros, apareciendo en formas de
luz, multiplicando su cuerpo y al final no necesitaba de puertas para entrar o salir de la casa.
Se dice que su esposa principal Dagmema se disolvió a sí misma en luz y entró en el corazón
de Marpa y de esa manera dejó el mundo. Interpretando los sueños auspiciosos de su
estudiante cercano, Marpa escogió a Milarepa como su sucesor del linaje. Con profundas
instrucciones, Milarepa fue enviado a las soledades de la montaña para meditar. Marpa cantó
una canción de despedida a Milarepa mostrando el orgullo de sus realizaciones. Esta fue
como sigue:

«Porque no podría mi linaje ser afamado
Si poseemos el ojo del dharma de la dakini.
Por que no podrían ser los ancestros afamados,
Si Tilopa no es otro más que el Buddha.
Porque no podría ser afamado mi maestro
Si Naropa es una antorcha del dharma
porque no podría ser yo afamado,
si soy el hijo de corazón de Naropa
Porque no podrían las enseñanzas orales ser afamadas
Si esas joyas que cumplen los deseos del linaje escuchado
Es el dharma especial que nadie mas posee.»

El gran historiador tibetano Jonang Tārānātha(1575-1634/35) observó más adelante que Marpa Lotsāwa tenía tres cualidades destacadas que los otros grandes traductores del Tíbet no compartían. En primer lugar, Marpa había estudiado de forma exhaustiva en la India la práctica correcta de los rituales, como son el dibujo de mandalas, hacer pasteles rituales de ofrenda o tormas, etcétera. En segundo lugar, había recibido explicaciones de numerosos y variados linajes, gracias a que Nāropa lo había enviado con muchos otros maestros realizados, lo que le permitía ofrecer una amplia gama de lecturas de varios pasajes. En tercer lugar, los guías espirituales de Marpa en la India, no solo le habían transmitido los distintos ciclos tántricos que circulaban extensamente por entonces en ese país, sino también las instrucciones personales relacionadas con ellos que en aquella época se guardaban de forma más que secreta, lo que dio una incomparable profundidad al conocimiento de Marpa. Estas tres cualidades lo dotaron de la capacidad de hacer mucho más que traducir textos, como se desprende de los discípulos a los que guió a la realización. Cuando completó su estadía en la India, Nāropa brindó a su discípulo del corazón una última y tierna despedida, y le profetizó que aunque los hijos biológicos de Marpa no vivirían para llevar adelante su línea familiar, sus hijos espirituales transmitirían sus enseñanzas como un ancho río durante tanto tiempo como el Dharma de Buddha permanezca en el mundo. Al declarar formalmente a Marpa su regente, Nāropa también profetizó que cada generación de discípulos sería mejor que la anterior.

Cuando vino el momento de abandonar su cuerpo, Marpa explicó a sus amigos que el señor
Naropa vendría a escoltarlo. Lama Marpa entró en profunda meditación y finalmente falleció
en medio de una lluvia de flores cayendo del cielo y los sonidos de música etérea. Su cuerpo
fue tomado eventualmente por su estudiante lama Ngokpa y colocado en una estupa en la
región tibetana de Shung.
En esta forma Marpa, considerado una reencarnación del Mahassidha Indio, Dombi Heruka,
vivió como un budista laico y hombre de familia libre. Él puso de manifiesto el Dharma del
gran linaje Kagyu, el cual hoy en día florece a lo largo de la mayoría del mundo.

Marpa falleció en 1097 d.C. en el Tíbet a la edad de 85, pero tal como predijo Nāropa, el ancho río de su linaje del Dharma sigue fluyendo, y su corriente se refuerza continuamente con cada generación sucesiva de herederos espirituales.