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Asanga


La vida de Asanga

Se cree que Asanga vivió entre los años 310 y 390 de nuestra era. Fue el mayor de tres hermanos, hijos de un brahmín, sacerdote de la corte en Purusapura (hoy Peshawar) en lo que entonces era el reino de Gandhara. Todos los hermanos llegaron a ser monjes en la orden sarvastivada.

Los sarvastivadines, “los que afirman que todo existe”, creían en la realidad de los objetos externos de la conciencia y, en ese tiempo, su antigua tradición escolástica era prominente en Gandhara.

Sin embargo, mientras hacía sus estudios, Asanga se encontró con los sutras del Prajñaparamita (los textos de la Perfección de la sabiduría) del mahayana que, para entonces, estaban revirtiendo ya a las escuelas escolásticas establecidas del budismo en favor de una vida dedicada a la compasión activa.

Como Asanga no lograba comprender esos textos ni recibía para ello ayuda de sus maestros se retiró al bosque para meditar.

Ahí, según la leyenda, entró en una cueva decidido a no dejar la meditación hasta que el buda Maitreya se le manifestara. Sin embargo, después de tres años sin obtener resultados salió de su cueva desanimado. Cerca de ese lugar se encontró con un hombre que estaba haciendo una aguja con un perno de hierro, el cual tallaba con un pedazo de algodón

Cuando Asanga vio la faena que realizaba aquel herrero retornó su resolución y volvió a la cueva, donde meditó sin rendirse durante seis años más. De todos modos, Maitreya seguía sin aparecer. Descorazonado, Asanga volvió a dejar su cueva y fuera de ella vio una roca que había sido desgastada por una gotera constante y por el roce de las alas de las aves que pasaban por ahí.

Una vez más, su paciencia regresó y retomó su meditación, ahora por otros tres años. Al final, después de doce años sin obtener el resultado que esperaba, se desesperó por completo y salió para volver a su monasterio.
En las afueras de un poblado vio a una perra vieja que tenía las patas traseras cubiertas de gusanos. Se compadeció de ella y por tratar de aliviar su sufrimiento entró en un conflicto, ya que no sería capaz de destruir a esos gusanos. Lo que hizo, en cambio, fue cortar un pedazo de carne de su propio muslo y ponerlo cerca de la perra. Luego, sacando la lengua, se preparó para transferir a las larvas una por una. La herida tenía un aspecto tan desagradable que tuvo que cerrar los ojos.

De pronto, Asanga oyó un fuerte sonido y abrió los ojos. Ante él, esplendoroso, estaba Maitreya. A pesar de su alegría, Asanga exclamó sin pensarlo: “¿Por qué nunca viniste a mí durante los doce años que estuve meditando?”.

Maitreya respondió, “estuve contigo todo el tiempo pero no podías verme porque no sabías lo que era sentir una gran compasión. Trata de llevarme al pueblo sobre tus hombros para que la gente me vea”. De modo que Asanga cargo a Maitreya sobre sus hombros y lo llevó por todo el pueblo, con la esperanza de que los habitantes vieran al Buda, mas nadie en el pueblo vio a Maitreya y apenas una anciana se fijó en la perra.

Maitreya llevó a Asanga al cielo Tushita donde estudió el Dharma 50 años. Cuando por fin retornó a la India llevaba consigo una gran cantidad de importantes textos del yogachara.

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