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Bodhichitta


“La generación de la bodhichitta, raíz del gran vehículo

 

Con tu gran sabiduría has alcanzado el nirvana.

Con tu gran compasión te comprometes en el samsara.

Con tu habilidad con los métodos has realizado que el samsara y el nirvana son lo mismo.

Maestro incomparable, a tus pies me inclino.

 

Este capítulo consta de tres partes: el entrenamiento de la mente en las cuatro cualidades ilimitadas; la generación de la bodhichitta, la mente orientada hacia la Iluminación suprema; y los preceptos de la bodhichitta en sus aspectos de aspiración y aplicación.

 

  1. EL ENTRENAMIENTO DE LA MENTE EN LAS CUATRO CUALIDADES ILIMITADAS.

Las cuatro cualidades ilimitadas son el amor, la compasión, la alegría y la imparcialidad. Generalmente se cita el amor en primer lugar, pero en la práctica cuando se entrena la mente gradualmente en cada una de estas cuatro se empieza desarrollando la imparcialidad. Si no el amor, la compasión y la alegría que generásamos podrían estar impregnados de parcialidad y no ser completamente puros. En este caso, por lo tanto, empezamos con el entrenamiento en la imparcialidad.

 

 

  • Meditando en la imparcialidad

 

 

Imparcialidad (tang ñon en tibetano) significa renunciar (tang) a nuestro odio hacia los enemigos y nuestro apasionamiento por los amigos, y tener una actitud ecuánime (ñom) hacia todos los seres sin apego hacia los que están cerca ni aversión hacia los que están lejos.

Ahora estamos muy apegados a los que consideramos como nuestros partidarios: padres, parientes, etcétera, mientras que hacia nuestros enemigos y sus partidarios sentimos una aversión insoportable. Este error se debe a la falta de investigación.

Aquellos a quienes en la actualidad consideramos nuestros enemigos, en vidas previas fueron nuestros amigos que nos quisieron, cuidaron de nosotros afectuosamente y nos proporcionaron una ayuda incalculable. Por el contrario, muchos de los que en la actualidad consideramos nuestros amigos fueron en vidas previas enemigos que nos dañaron. Como vimos anteriormente en el capítulo sobre la impermanencia con las palabras del sublime Katyayana:

 

Se come la carne de su padre, golpea a su madre,

sostiene en su regazo a su desgraciado enemigo;

la esposa mastica los huesos de su marido…

¡Cómo me río al ver lo que ocurre en el samsara!

 

Otro ejemplo es la historia de la princesa Pema Sel, hija del rey religioso Trisong Detsen. Cuando murió teniendo diecisiete años, su padre fue a preguntarle a Gurú Rinpoché cómo era posible que eso hubiese sucedido:

-Yo creía que mi hija era alguien con acciones pasadas puras-dijo el rey-. Nació siendo la hija del rey Tritsong Detsen, les conoció a Ud., a los panditas y a los traductores, que son auténticos budas… ¿cómo es posible que su vida haya sido tan cta?

-La princesa no renació siendo su hija debido a sus acciones pasadas puras -contestó el Maestro-. Una vez yo, Padma, Ud., el gran rey religioso, y el gran Abad Bodhisattva renacimos como tres chicos de baja casta y construimos la gran estupa de Yarung Kashor. Por entonces la princesa había renacido como un insecto, el cual le picó en el cuello. Tratando de apartarlo con la mano, lo mató accidentalmente. Debido a la deuda kármica que contrajo con él por haberle quitado la vida, el insecto renació siendo su hija.

Si incluso los descendientes del rey religos Tritsong Detsen que era Manyusri en persona, han renacido como tal debido a una deuda kármica, ¿qué decir de otros seres?

En la actualidad estamos estrechamente vinculados con nuestros padres e hijos. Por ellos sentimos inmenso afecto y abrigamos grandes esperanzas. Cuando sufren o les ocurre algo indeseable, nos sentimos más afligidos que si nos ocurriese a nosotros. Esto ocurre únicamente debido a las deudas kármicas que hemos contraído por habernos dañado unos a otros en el pasado.

De todos aquellos que ahora son nuestros enemigos, no hay ninguno que no haya sido nuestro padre o madre en alguna vida pasada. Incluso en la actualidad, aunque les consideremos nuestros enemigos no implica necesariamente que nos estén dañando. Algunos aunque nosotros les supongamos como adversarios, no nos ven de ese modo. Otros puede que se consideren nuestros enemigos, pero sin embargo son incapaces de hacernos ningún daño. También hay gente de momento puede parecer que nos esté dañando, pero a largo plazo lo que nos están haciendo puede que nos reporte el reconocimiento y el aprecio de otros en esta vida o nos haga encontrar el Dharma y esto nos proporcione el beneficio y felicidad últimos. Con esotros, si con habilidad nos adaptamos a ellos y nos los ganamos hablándoles amablemente hasta que nos pongamos de acuerdo, podemos fácilmente llegar a ser amigos.

Por otro lado están todos aquellos a los que normalmente consideramos como seres entrañables, nuestros hijos por ejemplo. Pero existen hijos e hijas que han engañado e incluso asesinado a sus padres. A veces algunos hijos se asocian con adversarios de sus padres para luchar contra ellos y arrebatarles sus fortunas. Incluso cuando nos llevamos bien con nuestros seres queridos, sus problemas y penalidades nos afectan más que los nuestros. Para ayudar a nuestros amigos, hijos… acumulamos innumerables acciones negativas que nos arrojarán a los infiernos en el futuro. Cuando queremos practicar el Dharma auténtico nos hacen posponerlo. Incapaces de deshacernos de nuestro apego a padres, hijos y demás familia, demoramos continuamente la práctica del Dharma y no encontramos nunca tiempo para ello. En resumen, estas personas puede que nos dañen más que nuestros enemigos.

Además, no hay ninguna garantía de que aquellos a los que hoy consideramos como nuestros adversarios o serán nuestros hijos en el futuro o que nuestros amigos actuales no vayan a renacer como nuestros enemigos…

Debido a que consideramos esas percepciones momentáneas de “amigo” y “enemigo” como siendo reales, acumulamos acciones negativas motivadas por el apego y la aversión. ¿Por qué nos aferramos a esa piedra nos  arrastrará a las profundidades de los inferiores? Tomad la decisión de considerar a todos los seres infinitos como a vuestros padres e hijos. Y como los seres sublimes del pasado, cuyas biografías podemos leer, considerad a amigos y enemigos del mismo modo.

Primero con aquellos que os disgustan, pues hacen surgir en vosotros el enfado y el odio, entrenad vuestras mentes con diversos métodos hasta que no surja más el enfado y el odio que sentís hacia ellos. Pensad en ellos como lo haríais hacia alguien neutral que ni os daña ni os beneficia.  Luego reflexionad en  que los innumerables seres hacia los que os sentís neutrales han sido vuestro padre o vuestra madre alguna vez en alguna de vuestras vidas pasadas desde el sin principio. Meditad en ello, entrenándoos hasta que que sintáis el mismo amor hacia ellos como sentís por vuestros padres actuales. Finalmente meditad hasta que sintáis la misma compasión hacia todos los seres, ya sea los percibáis como amigos, enemigos o seres hacia los que os sentís neutrales, que sentís por vuestros propios padres.

Pero si pensamos simplemente en todos los seres, amigos y enemigos como siendo lo mismo sin que surja ningún sentimiento de compasión, odio o cualquier otra cosa tendremos lo que se denomina “imparcialidad apática”, que ni daña ni beneficia, y no puede suplir a la imparcialidad ilimitada.

La imagen que se da para auténtica imparcialidad ilimitada es la de los banquetes ofrecidos por los rishis. Cuando los grandes sabios de la antigüedad ofrecían un banquete invitaban a todo el mundo, a los importantes y a los humildes, a los poderosos y a los débiles, a los buenos y a los malos, a los sublimes y a los mediocres, in hacer ningún tipo de distinción. Del mismo modo, nuestra actitud hacia todos los seres que pueblan el espacio infinito debe ser inmensa compasión que los abarque a todos por igual. Entrenad vuestra mente hasta que alcancéis ese estado de imparcialidad ilimitada.