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Aula virtual

Bodhichitta


“La generación de la bodhichitta, raíz del gran vehículo

 

Con tu gran sabiduría has alcanzado el nirvana.

Con tu gran compasión te comprometes en el samsara.

Con tu habilidad con los métodos has realizado que el samsara y el nirvana son lo mismo.

Maestro incomparable, a tus pies me inclino.

 

Este capítulo consta de tres partes: el entrenamiento de la mente en las cuatro cualidades ilimitadas; la generación de la bodhichitta, la mente orientada hacia la Iluminación suprema; y los preceptos de la bodhichitta en sus aspectos de aspiración y aplicación.

 

  1. EL ENTRENAMIENTO DE LA MENTE EN LAS CUATRO CUALIDADES ILIMITADAS.

Las cuatro cualidades ilimitadas son el amor, la compasión, la alegría y la imparcialidad. Generalmente se cita el amor en primer lugar, pero en la práctica cuando se entrena la mente gradualmente en cada una de estas cuatro se empieza desarrollando la imparcialidad. Si no el amor, la compasión y la alegría que generásamos podrían estar impregnados de parcialidad y no ser completamente puros. En este caso, por lo tanto, empezamos con el entrenamiento en la imparcialidad.

 

 

  • Meditando en la imparcialidad

 

 

Imparcialidad (tang ñon en tibetano) significa renunciar (tang) a nuestro odio hacia los enemigos y nuestro apasionamiento por los amigos, y tener una actitud ecuánime (ñom) hacia todos los seres sin apego hacia los que están cerca ni aversión hacia los que están lejos.

Ahora estamos muy apegados a los que consideramos como nuestros partidarios: padres, parientes, etcétera, mientras que hacia nuestros enemigos y sus partidarios sentimos una aversión insoportable. Este error se debe a la falta de investigación.

Aquellos a quienes en la actualidad consideramos nuestros enemigos, en vidas previas fueron nuestros amigos que nos quisieron, cuidaron de nosotros afectuosamente y nos proporcionaron una ayuda incalculable. Por el contrario, muchos de los que en la actualidad consideramos nuestros amigos fueron en vidas previas enemigos que nos dañaron. Como vimos anteriormente en el capítulo sobre la impermanencia con las palabras del sublime Katyayana:

 

Se come la carne de su padre, golpea a su madre,

sostiene en su regazo a su desgraciado enemigo;

la esposa mastica los huesos de su marido…

¡Cómo me río al ver lo que ocurre en el samsara!

 

Otro ejemplo es la historia de la princesa Pema Sel, hija del rey religioso Trisong Detsen. Cuando murió teniendo diecisiete años, su padre fue a preguntarle a Gurú Rinpoché cómo era posible que eso hubiese sucedido:

-Yo creía que mi hija era alguien con acciones pasadas puras-dijo el rey-. Nació siendo la hija del rey Tritsong Detsen, les conoció a Ud., a los panditas y a los traductores, que son auténticos budas… ¿cómo es posible que su vida haya sido tan cta?

-La princesa no renació siendo su hija debido a sus acciones pasadas puras -contestó el Maestro-. Una vez yo, Padma, Ud., el gran rey religioso, y el gran Abad Bodhisattva renacimos como tres chicos de baja casta y construimos la gran estupa de Yarung Kashor. Por entonces la princesa había renacido como un insecto, el cual le picó en el cuello. Tratando de apartarlo con la mano, lo mató accidentalmente. Debido a la deuda kármica que contrajo con él por haberle quitado la vida, el insecto renació siendo su hija.

Si incluso los descendientes del rey religos Tritsong Detsen que era Manyusri en persona, han renacido como tal debido a una deuda kármica, ¿qué decir de otros seres?

En la actualidad estamos estrechamente vinculados con nuestros padres e hijos. Por ellos sentimos inmenso afecto y abrigamos grandes esperanzas. Cuando sufren o les ocurre algo indeseable, nos sentimos más afligidos que si nos ocurriese a nosotros. Esto ocurre únicamente debido a las deudas kármicas que hemos contraído por habernos dañado unos a otros en el pasado.

De todos aquellos que ahora son nuestros enemigos, no hay ninguno que no haya sido nuestro padre o madre en alguna vida pasada. Incluso en la actualidad, aunque les consideremos nuestros enemigos no implica necesariamente que nos estén dañando. Algunos aunque nosotros les supongamos como adversarios, no nos ven de ese modo. Otros puede que se consideren nuestros enemigos, pero sin embargo son incapaces de hacernos ningún daño. También hay gente de momento puede parecer que nos esté dañando, pero a largo plazo lo que nos están haciendo puede que nos reporte el reconocimiento y el aprecio de otros en esta vida o nos haga encontrar el Dharma y esto nos proporcione el beneficio y felicidad últimos. Con esotros, si con habilidad nos adaptamos a ellos y nos los ganamos hablándoles amablemente hasta que nos pongamos de acuerdo, podemos fácilmente llegar a ser amigos.

Por otro lado están todos aquellos a los que normalmente consideramos como seres entrañables, nuestros hijos por ejemplo. Pero existen hijos e hijas que han engañado e incluso asesinado a sus padres. A veces algunos hijos se asocian con adversarios de sus padres para luchar contra ellos y arrebatarles sus fortunas. Incluso cuando nos llevamos bien con nuestros seres queridos, sus problemas y penalidades nos afectan más que los nuestros. Para ayudar a nuestros amigos, hijos… acumulamos innumerables acciones negativas que nos arrojarán a los infiernos en el futuro. Cuando queremos practicar el Dharma auténtico nos hacen posponerlo. Incapaces de deshacernos de nuestro apego a padres, hijos y demás familia, demoramos continuamente la práctica del Dharma y no encontramos nunca tiempo para ello. En resumen, estas personas puede que nos dañen más que nuestros enemigos.

Además, no hay ninguna garantía de que aquellos a los que hoy consideramos como nuestros adversarios o serán nuestros hijos en el futuro o que nuestros amigos actuales no vayan a renacer como nuestros enemigos…

Debido a que consideramos esas percepciones momentáneas de “amigo” y “enemigo” como siendo reales, acumulamos acciones negativas motivadas por el apego y la aversión. ¿Por qué nos aferramos a esa piedra nos  arrastrará a las profundidades de los inferiores? Tomad la decisión de considerar a todos los seres infinitos como a vuestros padres e hijos. Y como los seres sublimes del pasado, cuyas biografías podemos leer, considerad a amigos y enemigos del mismo modo.

Primero con aquellos que os disgustan, pues hacen surgir en vosotros el enfado y el odio, entrenad vuestras mentes con diversos métodos hasta que no surja más el enfado y el odio que sentís hacia ellos. Pensad en ellos como lo haríais hacia alguien neutral que ni os daña ni os beneficia.  Luego reflexionad en  que los innumerables seres hacia los que os sentís neutrales han sido vuestro padre o vuestra madre alguna vez en alguna de vuestras vidas pasadas desde el sin principio. Meditad en ello, entrenándoos hasta que que sintáis el mismo amor hacia ellos como sentís por vuestros padres actuales. Finalmente meditad hasta que sintáis la misma compasión hacia todos los seres, ya sea los percibáis como amigos, enemigos o seres hacia los que os sentís neutrales, que sentís por vuestros propios padres.

Pero si pensamos simplemente en todos los seres, amigos y enemigos como siendo lo mismo sin que surja ningún sentimiento de compasión, odio o cualquier otra cosa tendremos lo que se denomina “imparcialidad apática”, que ni daña ni beneficia, y no puede suplir a la imparcialidad ilimitada.

La imagen que se da para auténtica imparcialidad ilimitada es la de los banquetes ofrecidos por los rishis. Cuando los grandes sabios de la antigüedad ofrecían un banquete invitaban a todo el mundo, a los importantes y a los humildes, a los poderosos y a los débiles, a los buenos y a los malos, a los sublimes y a los mediocres, in hacer ningún tipo de distinción. Del mismo modo, nuestra actitud hacia todos los seres que pueblan el espacio infinito debe ser inmensa compasión que los abarque a todos por igual. Entrenad vuestra mente hasta que alcancéis ese estado de imparcialidad ilimitada.

  1. Meditando en el amor

 

Habiendo meditado en la imparcialidad ilimitada como se ha descrito anteriormente, considerad a todos los seres de los tres mundos con el mismo amor inmenso. El amor que sintáis por todos ellos debe ser como el de los padres cuando cuidan de sus hijos pequeños. Ellos ignoran toda la ingratitud de sus hijos y sus propias dificultades, y se desviven pensando, diciendo y haciendo todo lo posible para que sus pequeños se sientan bien, estén cómodos y sean felices. Del mismo modo, tratad a por todos los medios posible con todo lo que hagáis, digáis o penséis de conseguir el bienestar y a felicidad de todos los seres en esta vida y en las sucesivas.

Todos esos seres solo aspiran y se esfuerzan por el bienestar y la felicidad. Ninguno de ellos desea sufrir ni ser desgraciado. Sin embargo ignorando que las acciones positivas son la causa de la felicidad, se dedican a cometer las diez acciones negativas. Sus acciones van en contra de sus deseos más profundos; intentando encontrar felicidad, sólo engendran su propio sufrimiento.

Meditad reiteradamente en lo maravilloso que sería si cada uno de esos seres disfrutase de toda la felicidad y el bienestar que desean. Meditad en ello hasta que deseéis que los otros sean tan felices como deseáis serlo vosotros.

Los sutras hablan de “amor en nuestras acciones”, “amor en nuestras palabras” y “amor en nuestros pensamientos”. Esto significa que todo lo que decís con vuestra boca o hacéis con vuestras manos debe estar hecho sin dañar a los demaś, honesta y amablemente. Como se dice en el Bodhicharyavatara:

 

Cuando con mis ojos mire a alguien,

que mi mirada sea honesta y afectuosa.

 

Incluso cuando simplemente miréis a otros, miradlos con una sonrisa y de un modo agradable en vez de miradlos de un modo agresivo y con una expresión de enfado. Se cuenta, entre otras, la historia de un rey muy poderoso que miraba siempre a todos con enojo. Renació como un preta que vivía comiendo sobras en una casa debajo del hornillo, y posteriormente, puesto que también había mirado a un ser sublime de ese modo, renació en un infierno.

Físicamente, comportaos de un modo agradable y apacible, esforzándoos en no dañar a otros sino en ayudarles. Cuando habléis tratad de  hacerlo sin menospreciar, criticar o ser hipócritas, sino de un modo afable y sincero. Cuando ayudéis a alguien, que vuestra actitud mental no sea la de esperar conseguir algún beneficio a cambio. Que vuestro comportamiento y vuestras palabras amables no sean para hacer creer a otros que sois un bodhisattva, sino que vuestro único deseo sea el de ayudar sinceramente a los demás y hacerles felices.

Rezad continuamente para que en todos vuestras vidas no dañéis ni siquiera un poro de ningún ser y siempre los ayudéis a todos.

Es especialmente importante evitar hacer sufrir a cualquiera que esté bajo vuestra autoridad: sirvientes, animales, incluso al más humilde perro guardián; haciéndoles trabajar demasiado, golpeándolos, etcétera. Sed siempre amables en ellos con vuestros pensamientos, palabras y acciones.

Renacer como sirvientes o perros guardianes, etcétera, y ser despreciados y detestados por todos es la maduración de las acciones que hcimos en el pasado. Es la deuda kármica que se tiene que pagar por haber despreciado y detestado a otros cuando se estaba en una posición de poder en una vida pasada. Si ahora despreciáis a otros debido a vuestro poder y riqueza, tendréis que pagar esa deuda en aguna vida futura renaciendo como su sirviente. Así pues, sed especialmente amables con aquellos que están en una posición inferior a la vuestra.

Especialmente cualquier cosa en que podáis ayudar física, verbal o mentalmente a vuestros padres y aquellos que sufren largas enfermedades os reportará inmensos beneficios. Yowo Atisha dijo:

Ser amables con los viajeros procedentes de lugares lejanos, con los que padecen enfermedades largas o con nuestros padres cuando son ancianos equivale a meditar en vacuidad cuya esencia es la compasión.

Nuestros padres nos quieren y son muy amables con nosotros, por lo tanto disgustarlos en su vejez es un acto muy negativo. El mismo Buda para recompensar la bondad de su madre fue al cielo de los Treinta y Tres para enseñarle el Dharma. Se dice que incluso si honrásemos a nuestros padres llevándolos alrededor del mundo sobre nuestros hombros, no podríamos recompensarles su bondad. Sin embargo podemos recompensarles su bondad indtroduciéndolos a las enseñanzas del Buda. Por lo tanto, honrad siempre a vuestros padres en vuestros pensamientos, palabras y acciones y tratad de encontrar el modo de que se interesen por el Dharma.

El Gran Maestro de Oddiyana dijo:

 

No disgustéis a los ancianos; cuidadles y respetadles.

 

Sed amables cuando hacéis o decís algo a aquellos que son mayores que vosotros. Cuidad de ellos y haced lo que podáis para complacerles.

En la actualidad, la mayoría dice que no es posible desenvolverse en el samsara sin dañar a otros seres. Pero esto no es cierto.

Hace tiempo, en Khotan, dos novicios estaban meditando en el sublime Mayusri. Un día se les apareció Manyusri y les dijo:

-No tenéis ningún vínculo kármico conmigo. La deidad con la que tenéis conexión de vidas anteriores es Avalokiteshvara. En la actualidad él se encuentra en Tíbet, en donde es el rey. Debéis ir allí a verle.

Cuando los dos novicios llegaron a Tíbet y entraron dentro de los muros de Lhasa, vieron que mucha gente estaba siendo ejecutada o aprisionada. Preguntaron qué era lo que estaba ocurriendo y se enteraron de que se trataba de castigos impuestos por el rey.

-Este rey seguro que no es Avalokiteshvara -se dijeron.

Y temiendo que les castigase también a ellos decidieron huir. El rey supo que huían y mandó un emisario para que los trajese ante su presencia.

-¡No temáis! -les dijo-. Tíbet es una tierra salvaje y difícil de someter. Por eso tengo que producir la ilusión de prisioneros que son descuartizados, ejecutados… Pero en realidad no le he hecho el menor daño a nadie.

Ese soberano reinó en Tíbet, la Tierra de las Nieves, y reyes en las cuatro direcciones acataron su autoridad. Él derrotó a los ejércitos invasores y mantuvo la paz en las zonas fronterizas. Aunque tuvo que dominar enemigos y proteger a sus súbditos en tan gran escala, no dañó ni siquiera un poro de ningún ser. Entonces ¿cómo a nosotros, que sólo tenemos que defender exiguas propiedades comparables a un nido de insectos, no nos va a ser posible evitar daño a otros?

Dañar a otros nos daña más tarde a nosotros. Produce sufrimiento interminable en esta vida y en las siguientes. Nada bueno puede emerger de ello ni aun para esta vida. Nadie se enriquece matando robando… Todos terminan pagando indemnizaciones, reembolsando el dinero robado, y disipando así todos sus bienes en el proceso.

La imagen dada para el amor ilimitado es la de una madre pájaro cuidando de sus polluelos. Empieza haciendo un nido blando y cómodo. Los cobija bajo sus alas dándoles calor. Los trata siempre con ternura y los protege hasta que pueden volar. Al igual que esta madre pájaro, aprended a ser amables con cuerpo, palabra y mente con todos los seres de los tres mundos.

  1. Meditando en la compasión

Para meditar en la compasión imaginad a un ser atormentado por un sufrimiento atroz y desead liberarle de ese sufrimiento. Se dice:

 

Pensad en alguien que sufra enormemente, por ejemplo un prisionero encerrado en una mazmorra esperando ser ejecutado o en un animal ante el carnicero que le va a matar. Sentid amor por ese ser como si se tratase de vuestra propia madre o hijo.

 

Imaginad a un prisionero que ha sido condenado a muerte por el rey mientras lo llevan a ese lugar de la ejecución, o a un cordero siendo atrapado y atado por el carnicero.

Cuando penséis en esos seres que están sufrimiento, en vez de pensar que son seres ajenos a vosotros, identificaos con ellos. Preguntaos qué harías si estuvieseis en su lugar.

-¿Qué hago? No hay ningún sitio adonde pueda huir. Ni ningún lugar donde pueda esconderme. No hay ningún refugio, ni nadie que me proteja. Es imposible escaparse. No puedo volar. No tengo fuerza, ni un ejército que me proteja. Ahora, en este mismo momento, esta vida está a punto de concluir. Voy a dejar atrás este cuerpo que he cuidado con tanto esmero y comprender el gran camino hacia la vida siguiente. ¡Qué angustia!

Entrenaos sintiendo en vosotros el sufrimiento de ese prisionero.

Si pensáis en el cordero que está siendo llevado al matadero, en vez de pensar que es simplemente un cordero, imaginad sintiéndolo de corazón que van a matar a vuestra anciana madre. Preguntaos qué harías en dicha situación:

-¿Qué puedo hacer? Van a matar a mi anciana madre aunque ella no le ha hecho el menor daño a nadie.

Poneos sinceramente en el lugar de esa madre que está sufriendo. Cuando sintáis el ardiente deseo de hacer algo par evitar que en ese momento vuestra madre sea sacrificada po el carnicero, considerad que aunque esa criatura que está sufriendo no es vuestro padre o vuestra madre de esta vida, seguro que lo ha sido en alguna de las anteriores y os crió con inmenso cariño del mismo modo que lo han hecho vuestros padres de esta vida. Por lo tanto no hay ninguna diferencia. ¡Pobres padres que están siendo torturados con un sufrimiento tan intenso! ¡Si pudiesen librarse del sufrimiento que están experimentando ahora mismo, en este mismo instante! Pensando así, meditad con una compasión tan inmensa que os resulte insoportable y vuestros ojos rebosen de lágrimas.

Cuando la compasión brote así, pensad en que todo ese sufrimiento que están experimentando es el resultado de acciones dañinas efectuadas en el pasado. Todos esos seres desafortunados que ahora se dedican a cometer acciones negativas tendrán que sufrir también inevitablemente. Pensando así meditad con compasión en todos los seres que están creando las causas para sufrir, matando o efectuando otras acciones negativas.

A continuación considerad el sufrimiento de los seres que han renacido en los infiernos, entre los pretas y otros lugares de infortunio. Imaginad que son vuestros padres o vosotros mismos y meditad con compasión firmemente.

Finalmente reflexionad profundamente sobre todos los seres de los tres mundos. Allí donde hay espacio hay seres. Allí donde hay seres hay acciones negativas y sufrimiento. ¡Pobres seres entregados totalmente a las acciones negativas y el sufrimiento! ¡Qué maravilloso sería si cada ser de cada uno de los seis reinos de existencia pudiese liberarse de las percepciones producidas por su karma, ss sufrimientos y tendencias habituales y obtener la felicidad permanente de la budeidad perfecta!

Cuando se medita en la compasión, al principio es mejor concentrarse únicamente en los casos individuales de los seres que sufren, uno a uno. Después, entrenaos gradualmente hasta llegar a meditar en la totalidad de los seres. De otro modo, vuestra compasión no será auténtica, sino algo vago e intelectual.

Examinad especialmente el sufrimiento y las dificultades que tienen que experimentar vuestro propio ganado bovino, ovejas, bestias de carga y otros animales domésticos. Les infligimos todo tipo de suplicios comparables a los tormentos de los infiernos. Les perforamos la nariz, les castramos, les arrancamos el pelo y los desangramos vivos. Ni por un momento pensamos que estos animales deben estar sufriendo. Si pensáis sobre ello detenidamente os daréis cuenta de que esa actitud se debe a no haber cultivado a compasión. Si alguien nos arrancase unos cuantos peos, gritaríamos de dolor siendo incapaces de soportarlo. Sin embargo, a los yacs les arrancamos el pelo largo de sus vientres retorciéndolo, dejándoles esa zona con carne al rojo vivo y goteando sangre por cada uno de los poros donde crecía el pelo. Aunque el animal gruñe debido al dolor insoportable, no se nos ocurre pensar que está sufriendo.

A nosotros nos resulta insoportable tener una ampolla en la mano y cuando viajamos a caballo y nos empiezan a doler las nalgas, no podemos seguir sobre la sila de montar y nos tenemos que sentar de lado. Pero no se nos ocurre pensar en el caballo puede estar sufriendo o tener algún problema. Cuando ya no puede avanzar más y tropieza jadeando, todavía pensamos que está siendo testarudo. Perdemos los nervios y le azotamos sin la menor consideración.

Pensad por ejemplo en un cordero que va a ser sacrificado. Primero cuando le separan del rebaño, le asalta un pánico inmenso. En el lugar por donde ha sido atrapado se le forma un hematoma. Le tumban sobre su dorso, le atan las patas con una correa de cuero y le amordazan el hocico hasta que se asfixia. Si durante la agonía de su muerte, el animal tarda un poco en morirse, la mayoría de las veces el carnicero, el hombre de las malas acciones, se enfada:

-¡Aquí tenemos a uno que no quiere morirse! -dice.

Y le golpea. Tan pronto como muere le despellejan y le destripan. En seguida desangran a un yac hasta que ya no puede mantenerse en pie y empieza a tambalearse. Mezclan la sangre del animal que han matado con la sangre del animal desangrado pero aún vivo. Esta mezcla se cocina y con ella se preparan salchichas en el interior de las tripas del animal muerto. ¡Cualquiera que sea capaz de comerse eso es realmente un caníbal!

Pensad detenidamente en el sufrimiento de esos animales. Imaginad que sois vosotros los que estáis padeciendo esos sufrimientos y tratad de sentirlos. Tapaos la boca con las manos y dejad de respirar. Permaneced así cierto tiempo. Experimentad el dolor y el pánico. Cuando hayáis visto bien que se siente, reflexionad continuamente por todos esos tremendos sufrimientos. Pensad: “¡Ojalá pudiese protegerlos de todos esos sufrimientos!”.

[…] En el pasado, nuestro maestro, Shakyamuni, abandonó como si se tratase de un salivazo el reino de un soberano universal y renunció al mundo. Junto con los arhats que le acompañaban, salía a mendigar andando y llevando su bol y su bastón de mendicante en la mano. Ellos no tenían caballos, ni mulas… Si el mismo Buda carecía de montura, era porque consideraba que hacer sufrir a otros seres no era algo consecuente con sus enseñanzas, no porque fuese incapaz de conseguir un caballo viejo.

En la actualidad, […] cuando parten hacia la ceremonia de algún pueblo pasan por el agujero perforado en el hocico del yac una cuerda áspera hecha con los pelos de la cola. Una vez instalados sobre la montura, con las dos manos estiran de la cuerda tan fuerte como pueden. La cuerda le produce al yac una incisión en la nariz que le causa un dolor intenso y hace que el pobre animal se gire y se encabrite. Entonces el jinete le fustiga con todas sus fuerzas. Incapaz de soportar este nuevo dolor, el yac empieza a correr y de nuevo su jinete tira de la cuerda. El dolor que siente ahora en la nariz es tan atroz que se detiene y es fustigado de nuevo. Le estiran por delante, le golpean por detrás, el animal termina dolorido y agotado. El sudor le gotea por todo el pelo, la lengua le cuelga, no puede dar un paso más, jadea…” “¿Qué le pasa ahora que no avanza?” piensa el jinete. Se enfada y le fustiga en las ijadas con el mando del ĺátigo. Le fustiga con tanta rabia que el mango se rompe por la mitad. Se guarda las piezas rotas en la cintura, coge una piedra cortante y girándose sobre su montura se la lanza a la grupa del yac. Todo esto se debe a que no siente la menor compasión por el yac.

Imaginad que sois un yac viejo, en vuestro dorso lleváis una carga demasiado pesada, una cuerda os estira el hocico, os fustigan en las ijadas, los estribos hieren nuestras costillas. Por delante, por detrás, por los lados sentís un dolor penetrante. Sin un momento de respiro, tenéis que subir cuestas elevadas, descender pendientes abruptas, atravesar grandes ríos y amplias llanuras. Sin tiempo ni para comer un solo bocado de hierba, tenéis que avanzar en contra de vuestra voluntad desde que amanece hasta el crepúsculo cuando  ya han desaparecido los últimos rayos del sol. Reflexionad en la difícil y agotador que sería vivir así; en el dolor, el hambre y la sed que experimentarías, y toma desee sufrimiento sobre vosotros.

En general, aquellos a los que denominamos lamas y monjes deberían ser refugio, ayuda, protección y guía para todos los seres sin ningún tipo de parcialidad. Pero de hecho ellos favorecen a sus benefactores, aquellos que les proporcionan comida y bebida y les hacen ofrendas. Rezan para que esos individuos en particular tengan amparo y protección. Les conceden bendiciones e iniciaciones. Por el contrario están en contra de los pretas y los espíritus malignos, cuyo renacimiento desafortunado es el resultado de su mal karma Para expulsarlos hacen rituales en los que se enfurecen con ellos y hacen gestos amenazantes gritando: “¡Mata, mata! ¡Golpea, golpea!”.

Si alguien considera que los espíritus malignos tienen que ser golpeados y matados es porque su mente está dominada por el apego y el odio y no sabe nada acerca de la gran compasión imparcial.

Cuando se piensa detenidamente, esos espíritus malignos necesitan mucho más que la compasión de sus benefactores. Ellos han renacido como espíritus malignos debido a su mal karma. Renacen como pretas con cuerpo horrendos. Su miedo y su sufrimiento son inimaginables. Únicamente experimentan hambre, sed y agotamiento. Todo lo que perciben les angustia. Puesto que sus mentes están llenas de odio y agresión la mayoría van a los infierno tan pronto como mueren. ¿Quién puede merecer más compasión? Los benefactores puede que enfermen y sufran, pero eso les ayuda a agotar su mal karma, no a crear más. Los espíritus malignos, por el contrario, dañan a otros con sus malas intenciones y serán arrojados a las profundidades de los infiernos por sus acciones dañinas.

Si el Buda, hábil en medios y con gran compasión, enseñó el arte para exorcizar e intimidar a esos espíritus malignos con métodos enérgicos, fue por compasión hacia ellos; como una madre que le da un azote a su hijo cuando no le obedece. Él también permitió practicar el ritual de liberación a aquellos seres que únicamente disfrutan dañando y cometiendo actos negativos, para interrumpir así el flujo de su karma negativo. Pero desvivirse por complacer a los benefactores, a los monjes y a los que consideramos que están de nuestro lado y considerar a los espíritus malignos y malhechores como nuestros adversarios, protegiendo a unos y atacando a otros debido al apego y el odio, son métodos que no fueron enseñados por el Buda.

Mientras nos dejemos llevar por el apego y el odio será inútil tratar de expulsar o atacar a espíritus malignos, puesto que ellos sólo tienen cuerpos mentales. No nos obedecerán y a cambio sólo nos dañarán. De hecho, mientras aún tan sólo creamos que existen realmente y deseemos que se vayan, nunca podremos someterlos. ¿Qué decir sobre considerarlos con apego y odio?

Cuando Milarepa vivía en la cueva de La Fortaleza del Garuda en el valle de Chong, el rey de los creadores de obstáculos, Vinayaka, produjo una ilusión sobrenatural. Yetsun Mila encontró en su cueva cinco atsaras con los ojos tan grandes como boles. Le rezó a su maestro y a su yídam, pero los demonios no desaparecieron. Meditó en la visualización de su deidad y recitó mantras airados pero tampoco se fueron. Entonces se dijo: “Marpa de Lhodrak me enseñó que todos los fenómenos y los seres son mi propia mente. Y que esta mente es vacía y luminosa. Creer que esos demonios y creadores de obstáculos son algo externo y querer que se vayan no tiene sentido”.

Sintiendo una profunda confianza en la Visión que reconoce que esos espíritus y demonios son nuestras propias proyecciones, regresó intrépidamente a su cueva. Los atsaras aterrorizados y girando los ojos desaparecieron.

Eso es también lo que le cantó la Ogresa de la Roca:

 

Ese demonio de tus propias tendencias surge de tu mente.

Si no reconoces la naturaleza de tu mente,

no me iré porque tú me digas que me vaya.

Si no comprendes que tu mente es vacía;

hay muchos otros demonios además de mí.

Pero si reconoces la naturaleza de tu mente,

las circunstancias adversas te serán favorables.

E incluso yo, la Ogresa de la Roca, estaré a tu servicio.

 

¿Cómo entonces vais a poder someter a los espíritus y demonio con odio en vez de teniendo confianza en la Visión que reconoce que esos espíritus y demonios son vuestra propia mente?

Cuando los monjes visitan a sus benefactores, se comen alegremente, sin la menor preocupación, toda la carne de las oveja que han sido matadas especialmente para invitarles. Especialmente, cuando hacen rituales de ofrendas a los protectores u otros rituales, dicen que necesitan ingrediente carne pura. Esto significa para ellos la grasa y la carne todavía sangrante de un animal recién matado, con la que decoran todas las tormas y otras ofrendas. Esta forma de actuar aterradora y agresiva sólo puede ser un método bompo o tirthika; no tiene nada que ver con el budismo. En el budismo, una vez hemos tomado refugio en el Dharma tenemos que dejar de dañar a otros. Dejar que maten a un animal en cada uno de los lugares que uno visita y disfrutar de su carne y su sangre… ¿no está en contra de los preceptos de tomar refugio?

Especialmente en la tradición de los bodhisattvas del Gran Vehículo debemos proteger y ser un refugio para todos los seres infinitos. Pero, sin embargo, no sentimos la menor compasión por esos seres con karma desafortunado que se supone deberíamos proteger. Cuando los matan y nos presentan su sangre y carne hervidas a nosotros, sus protectores bodhisattvas, nos la comemos paladeándola alegremente. ¿Puede haber algo más horrendo y cruel?

Los textos del Vajrayana de los Mantras Secretos dicen:

 

Por lo que hayamos contrariado a los simha y los tramen

no habiendo reunido ofrendas de carne y sangre según los textos,

rogamos a las dakinis de los lugares que nos perdonen.

 

Cuando aquí se dice “reunir ofrendas de carnes y sangre según los textos” significa reunirlos según se explica en los textos tántricos del Mantrayana Secreto. ¿Qué dicen estos textos?

 

Las cinco clases de carne y los cinco néctares

son la comida y la bebida en el festín externo.

 

Ofrecer un festín de carne y sangre según los textos significa, por lo tanto, ofrecer las cinco carnes consideradas sustancias de samaya apropiadas para el Mantrayana Secreto; es decir, carne de ser humano, de caballo, de elefante, de perro y de vaca. Estas cinco clases de carne no están manchadas por acciones negativas porque esas criaturas no se matan para comerlas. Esto es completamente lo contrario de estar enredado con conceptos de “puro” e “impuro” considerando la carne de los humanos, perros, etcétera, como impura e inferior y la carne grasienta y suculenta de un animal recién matado para ser comido para ser comido como “pura”. Eso es:

 

Ver las sustancias de los cinco samayas de disfrutar

como puros o impuros, o disfrutarlos sin consideración.

 

En otras palabras, si se albergan conceptos de “puro” e “impuro” se transgreden los samayas de disfrutar. Incluso esas cinco clases de carnes aceptables sólo pueden usarse si uno tiene el poder de transformar la comida que ingiere en néctar y si uno está practicando para conseguir una realización particular en un lugar solitario. Comerlas a la ligera en las poblaciones porque a uno le gusta el sabor es lo que quiere decir “disfrutarlas sin consideración a los samayas de disfrutar”, lo cual es otra transgresión.

“Carne pura” no significa, por lo tanto, la carne de un animal sacrificado para ser comido, sino la carne de un animal que muere debido a su propio karma, es decir, la carne de un animal que muere de vejez, enfermedad u otras causas naturales que son el efecto de su propio karma.

El incomparable Dagpo Rinpoché dijo que tomar la sangre y la carne todavía calientes de un animal recién matado y colocarlas sobre el mandala haría desfallecer a todas las deidades de sabiduría. También se dice que ofrecer a las deidades de sabiduría la sangre y la carne de un animal sacrificado es como asesinar ante una madre a su propio hijo. Si invitáis a una madre a comer y le colocáis delante la carne de su propio hijo, ¿creéis que le gustaría? Es con el mismo amor de una madre hacia su único hijo que los budas y bodhisattvas miran a todos los seres de los tres mundos. No es posible complacerles matando a un animal inocente que es esclavo de su propio mal karma y ofreciéndoles su carne y su sangre. Como dijo el bodhisattva Shantideva:

 

Igual que ningún placer puede deleitar

a alguien cuyo cuerpo está abrasándose en el fuego,

ningún ser con gran compasión puede sentirse complacido

con el daño causado a los seres.

 

Si hacéis rituales de ofrenda a los protectores usando únicamente la carne y la sangre de animales sacrificados, no es necesario decir que las deidades de sabiduría y los protectores de las enseñanzas del Buda, que son todos puros bodhisattvas, nunca aceptarán esas ofrendas de seres asesinados como los que se encuentran en el mostrador del carnicero. Ni siquiera se acercarán. En cambio, los poderosos espíritus malignos, que les gusta la carne y sangre calientes y que están siempre preparados para dañar a los seres, se reunirán en torno a estas ofrendas y las disfrutarán.

Después de que el practicante de esas “ofrendas rojas” haya efectuado sus rituales, aparecerán muy brevemente algunas circunstancias favorables. Pero como esos espíritus están constantemente dañando a otros, probablemente ocasionarán repentinamente problemas y enfermedades. De nuevo el practicante de esos “rituales rojos” tendrá que ofrecer carne y sangre, y de nuevo se obtendrán beneficios por un breve periodo. Así es como los espíritus malignos y los practicantes de “rituales rojos” se vuelven compañeros inseparables y se necesitan mutuamente. Como bestias salvajes buscando presas, deambulan obsesionados únicamente por su afán de comer carne, masticar huesos y encontrar nuevas víctimas. Los practicantes de dichos rituales poseídos por los espíritus malignos pierden el hastío por el samsara y su determinación de alcanzar la liberación que tenían previamente. La fe, la pureza de sus percepciones, su interés por el Dharma decrecen hasta el punto de que incluso si viesen volar al Buda en el espacio no tendrían fe en él y si viesen a un animal con todas sus entrañas colgando tampoco sentirían ningúna compasión. Siempre al acecho de nuevas presas, como rakshas asesinos yendo a la guerra, con sus rostros inflamados, sacudidos por la rabia, erizados de agresión, nunca están tranquilos. Se enorgullecen del poder y de las bendiciones  de su palabra, que procede de su asociación con los espíritus malignos. Tan pronto como mueran, irán como una piedra catapultada a los infiernos, a menos que su karma negativo no sea todavía suficiente, en cuyo caso renacerán en el séquito de algún espíritu maligno al acecho de la fuerza vital de otros o como halcones, lobos o algún otro depredador.

Durante el reinado del rey religioso Trisong Detsen, los bompos hacían ofrendas de sangre y carne en su honor. A la vista de tales ofrendas, el Segundo Buda de Oddiyana, el gran pandita Vimalamitra, el gran Abad Bodhisattva y los demás traductores y panditas se sentían sumamente descontentos. Y dijeron:

 

Una enseñanza no puede tener dos maestros,

una religión no puede tener dos modos de practicar.

La tradición de los Bon se opone a la ley del Dharma,

su maldad es peor que la maldad corriente.

¡Si toleráis tales prácticas nos iremos!

 

Todos los panditas estaban de acuerdo sin necesidad de discutirlo.. Cuando el rey les pidió que enseñaran el Dharma, se negaron. Cuando les invitó a comer, no aceptaron.

Si nosotros, pretendiendo seguir tras los pasos de los panditas, siddhas y bodhisattvas del pasado practicamos los profundos rituales del Mantrayana Secreto al estilo de los bompos y dañamos a los seres, destruiremos la nobleza de la doctrina, avergonzaremos a las Tres Joyas y nos arrojaremos a nosotros y a los otros infiernos.

Sed siempre humildes. Vestíos sencillamente. Ayudad a todos los seres tanto como podáis. En todo lo que hagáis, tratad de desarrollad el amor y la compasión hasta que impregnen por completo vuestra mente. Eso será suficiente aunque no hagáis prácticas nobles y destacables de Dharma como oraciones, actividades virtuosas, trabajos altruistas, etcétera. El Sutra que Resume Perfectamente el Dharma dice:

 

Aquellos que deseen obtener la budeidad que no se entrenen en

muchos métodos sino en uno solo. ¿Cuál? La Gran Compasión.

Aquellos con gran compasión conocerán todas las enseñanzas del

Buda como si éstas estuviesen en la palma de su mano.

 

Una vez un monje que era discípulo de los Tres Hermanos y de Khampa Lungpa visitó a gueshe Tompa.

-¿Qué hace Potawa? -le preguntó gueshe Tompa al monje.

-Enseña el Dharma a cientos de miembros de la Sangha.

-¡Maravillosos! ¿Y qué hace gueshe Puchungwa?

-Está continuamente haciendo representaciones del cuerpo, la palabra y la mente del Buda con todos los materiales que él y otros han ofrecido.

-¡Maravilloso! -repitió gueshe Tompa-. ¿Qué hace Gompawa?

-Él sólo medita.

-¡MAravilloso! ¿Y Khampa Lhungpa?

-Permanece en soledad, llorando continuamente con la cara tapada.

Al oír esto gueshe Tompa se quitó el sombrero, juntó sus manos delante de su corazón y con lágrimas en los ojos exclamó:

-¡Eso sí que es realmente maravilloso! Eso es practicar verdaderamente el Dharma. Podría contarte muchas cosas acerca de lo bueno que es, pero sé que a él no le gustaría.

Khampa Lungpa se tapaba la cara y lloraba continuamente debido a que pensaba en cómo los seres son torturados por los sufrimientos del samsara y sólo meditaba en la compasión.

Un día Chengawa estaba explicando las numerosas razones de por qué el amor y la compasión son tan importantes Entonces Langri Thangpa se postró ante él y le dijo que desde ese día en adelante no iba a meditar en nada más que en el amor y la compasión. Chengawa se descubrió la cabeza y repitió tres veces: ¡Esas sí que son buenas noticias!

No hay nada mejor que la compasión para eliminar las acciones negativas y los oscurecimientos. En India, hace mucho tiempo las enseñanzas del Abhidharma  fueron atacadas en tre s ocasiones y estaban en peligro de desaparecer. Una monja brahmín llamada Prakasasla […] de la unión con un hombre de la casta de kshatriyas  nació el sublime Asanga. Y de la unión con un brahmán, Vasubandhu. Cuando crecieron, sus dos hijos le preguntaron cuál había sido la ocupación de sus padres. La madre les respondió:

-No os he tenido para que os dediquéis a los mismo que vuestros padres, sino para que propaguéis las enseñanzas del Buda. Debéis estudiar el Dharma y ser maestros del Abhidharma.

Vasubandhu partió hacia Cachemira para estudiar el Abhidharma con Sanghabhadra. Asanga fue a la montaña Kukkutapada, donde se dedicó a hacer la práctica de Maitreya esperando tener un a visión de él y pedirle enseñanzas. Durante seis años meditó muy estrictamente, pero no tuvo ni un sólo sueño favorable. Pensando que nunca lo conseguiría, se sintió descorazonado y partió. Por el camino se encontró con un hombre que estaba frotando una enorme barra de hierro con una tela suave de algodón.

-¿Qué tratas de hacer frotando así esa barra?

-Necesito una aguja. Así que voy a hacer una frotando esta barra – contestó el hombre.

Asanga pensó que no era posible hacer una aguja frotando esa barra enorme con un trozo de tela suave de algodón. E incuso si fuese posible conseguirlo después de cien años, probablemente ya no estaría vivo para entonces. A ver que la gente corriente podía haber esos esfuerzo por una causa tan balan, pensó que él nunca había practicado realmente el Dharma con perseverancia. Así que regresó para continuar practicando. Practicó durante otros tres años, pero tampoco tuvo ninguna señal.

-ahora sí que estoy completamente seguro de que nunca tendré éxito- se dijo.

Y de nuevo se puso en marcha. llegó a una roca tan alta que parecía tocar el cielo. Al pie de la roca había un hombre frotándose con una pluma mojada en agua.

-¿Qué haces? -le preguntó Asanga.

-Esta roca es demasiado alta y no deja que el sol entre en mi casa que está al oeste de ella. Así que la voy a limar hasta que desaparezca.

Asanga pensó de nuevo lo mismo que tres años antes y regresó a sus cueva. Practicó durante otros tres años, pero tampoco tuvo ni un solo sueño alentador.

Completamente desanimado se dijo que hiciese lo que hiciese nunca tendrá éxito y volvió a partir.

Por el camino se encontró a una perra con las dos patas traseras mutiladas y la parte trasera de su cuerpo infestada de gusanos. A pesar de su estado, la perra estaba muy agresiva y trató de morderle alzándose con sus patas delanteras y arrastrándose con el resto de su cuerpo. Asanga sintió una profunda e irresistible compasión. Cortó un pedazo de carne de su propio cuerpo y se lo dio a la perra para que comiera. Quería quitarle los gusanos de la parte trasera de su cuerpo, pero temiendo matarlos si los cogía con la mano, decidió que el único modo posible era quitárselos con su propia lengua. Al ver lo podrida y llena de pus que estaba, no podía hacerlo. Así que cerró los ojos, sacó la lengua … y en vez de tocar el cuerpo de la perra, su lengua tocó el suelo. Abrió los ojos y vio que la perra había desaparecido. En su lugar estaba Maitreya rodado de un halo de luz.

-¡No tienes demasiada compasión! -le dijo Asanga-. En todo este tiempo no me has mostrado tu rostro.

-No es que yo no haya aparecido. Tú y yo nunca hemos estado separados. Pero no podrías verme porque tus emociones negativas y oscurecimientos eran demasiado intensos. Debido a estos doce años de práctica, han disminuido ligeramente y has podido haber a la perra. Ahora, gracias a la intensa compasión que has sentido, tus oscurecimientos han sido completamente purificados y has podido verme con tus propios ojos. Si no me crees, llévame a hombres y muéstrame a todo el mundo.

 

Así que Asanga puso a Maitreya sobre  su hombro derecho y fue a mercado donde empezó a preguntar a todo el mundo:

-¿Qué ven sobre mi hombro?

Todos le contestaban que no había nada sobre su hombro, excepto una aia.na, cuyas percepciones estaban un poco menos oscurecidas por sus tendencias habituales, ue le dijo:

-Llevas el cadáver podrido de un perro.

Entonces Maitreya llevó a Asanga al cielo de Tushita donde le transmitió, entre oras instrucciones, Las Cinco Enseñanzas de Maitreya. Cuando regresó al reino de los humanos, Asanga propagó extensamente la doctrina del Gran Vehículo.

Puesto que no existe práctica como la compasión para purificar todas nuestras acciones negativas y puesto que la compasión es la causa infalible para hacernos desarrollar la extraordinaria bodhichitta, debemos meditar en  ella con perseverancia.

Meditar en la compasión es como una madre sin brazos cuyo hijo ha caído en un río y se lo está llevando la corriente. ¡Qué angustia tan insufrible la de esa madre! Ella adora a su pequeño pero no tiene brazos para cogerlo.

-¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer? -se pregunta. Solamente piensa en encontrar la forma de rescatarlo. Se siente desesperada y corre trás él llorando.

Exactamente del mismo modo, todos los seres de los tres mundo son arrastrados por la corriente del sufrimiento y se hunden en el océano del samsara. Por muy insoportable que sea la compasión que sentimos por ellos no tenemos medios para rescatarlos de sus sufrimiento. Pensad en qué es lo que podéis hacer y meditad invocando a vuestro maestro y a las Tres Joyas desde lo profundo de vuestro corazón.

  1. Meditando en alegrarse

Pensad en alguien de noble linaje, fuerte, en buena posición económica y poderoso, que viva en los reinos superiores disfrutando de bienestar, felicidad y larga vida, rodeado de un gran séquito y con riquezas abundantes. Sin sentir envidia ni querer competir, desea que disfrute todavía más la prosperidad de los reinos superiores, que pueda tener aún mayor gloria, que no le amenace ningún peligro, que sea aún más inteligente y, en definitiva, que disfrute aún más de todas las perfecciones. Considerad repetidamente lo maravilloso que sería que todos los seres pudiesen disfrutar también de todo ello.

Al principio, meditad pensando en las cualidades, bienestar y felicidad de alguien con quien os sea fácil generar esta alegría, como algún allegado o amigo íntimo. Cuando hayáis generado esta alegría, tratad de cultivarla hacia alguien que os sea indiferente. Pensad a continuación en todos los enemigos que os dañan y especialmente en todos aquellos de quienes os sentís celosos. Desarraigad esa mente negativa que encuentra intolerable que los otros puedan disfrutar de la abundancia completa y cultivad una alegría especial hacia cada clase de felicidad de la que disfruten. Concluid descansando en el estado libre de cualquier elaboración mental.

Esta alegría consiste en tener una mente que no siente envidia. Por lo tanto, debéis esforzaros en entrenar vuestra mente con todo tipo de métodos para evitar que aparezca esa mente negativa de los celos. Especialmente, un bodhisattva que ha generado bodhicitta para beneficiar a todos los seres debe tratar de establecer a todos esos seres en la felicidad eterna de la budeidad completa y temporalmente en la felicidad de los reinos de los dioses y de los hombres. ¿Cómo es posible que tal bodhisattva se sienta disgustado cuando algunos seres, como resultado de su propio karma, poseen alguna cualidad o riqueza?

A partir del momento en que alguien se deja corromper por la envidia ya no puede apreciar las cualidades de los otros y él mismo acumula acciones negativas muy graves.

Cuando la gloria y las actividades de Yetsun Milarepa estaban en pleno auge, un profesor de lógica llamado Tarlo sentía envidia de él y empezó a atacarle. A pesar de todas las muestras de clarividencia y poderes milagrosos que Yetsun Milarepa le ofrecía, Tarlo no sentía ninguna fe hacia él y reaccionaba sólo con opiniones negativas y críticas. Posteriormente él renació como un gran demonio.

Hay otros muchos ejemplos de lo que puede ocurrir bajo la influencia de la envidia; como cuando otro profesor de lógica llamado gueshe Tsakpuwa trató de envenenar a Milarepa.

Incluso si viniese el mismo Buda en persona, no podría hacer nada para guiar a alguien que esté celoso. Una mente corrompida por la envidia no puede apreciar las cualidades de otros. Incapaz de ver nada bueno en otros, no puede generar ni el menor atisbo de fe. Sin fe uno no puede recibir las bendiciones ni la compasión. Devadatta y Sunakshatra eran primos del Buda. Ambos estaban consumidos por la envidia y se negaban a sentir la menor fe en el Buda. A pesar de que estuvieron toda su vida en su compañía, él no pudo transformar sus mentes.

Además, el solo hecho de tener pensamientos negativos hacia otros seres, aunque ellos no lleguen a dañarles mínimamente, es una falta muy grave. Había una vez dos famosos gueshes que eran rivales. Un día uno de ellos se enteró de que el otro tenía un amante. Este gueshe le dijo a su sirviente:

-Prepara un buen té porque tengo noticias interesantes.

El sirviente preparó el té y cuando lo estaba sirviendo preguntó:

-¿Cuáles son las noticias?

-¡Dicen que nuestro rival tiene una amante! -respondió el gueshe.

Cuando Kunpang Trakguial oyó esta historia dicen que su cara se ensombreció y preguntó:

-¿Cuál de los dos gueshes cometió la falta más grave?

La envidia y rivalidad constantes, sólo llevan a una absurda acumulación de acciones negativas. Abandonad pues esas actitudes tan viles. Alegraos sinceramente siempre de las buenas cualidades y las condiciones favorables de los otros, ya sea de su posición social, físico, riqueza, conocimientos o cualquier otra cosa. Pensad detenidamente en cada una de sus cualidades, posesiones … y alegraos de ello. Desead que puedan ser todavía más prósperos de o que son ahora y que puedan adquirir toda la fuerza, riqueza, conocimiento y buenas cualidades que sea posible. Meditad en ello desde lo profundo del corazón.

La imagen que se da de la alegría ilimitada es la de una madre camella encontrando a su retoño perdido. De todos los animales, las camellas están consideradas como las madres más afectuosas. Si una camella pierde a su pequeño su dolor es consecuentemente inmenso. Pero si lo encuentra su alegría es inconcebible. Esa es la clase de alegría que debemos tratar de desarrollar.

Las cuatro cualidades ilimitadas son la causa infalible que hace emerger la auténtica bodhichitta. Es por lo tanto imprescindible que las cultivéis por todos los medios posibles hasta que la bodhichitta se haya establecido firmemente en vuestra mente.

Para hacerlo más fácil de entender, podemos resumir las cuatro cualidades ilimitadas con la expresión “un buen corazón”. Siempre y en todas las circunstancias, entrenaos sencillamente en tener un buen corazón.

Un día Atisha le dolía una mano, así que la puso en el regazo de Drom Tompa y le dijo:

-¡Bendígame la mano, Vd. que tiene tan buen corazón!

Atisha siempre concedía especial importancia únicamente a tener un buen corazón, y en vez de preguntarle a la gente: “¿Cómo estáis?”, solía preguntar: “¿Habéis tenido buen corazón?”. A todos los consejos que daba les añadía: “¡Tened buen corazón!”.

Es el poder de la intención positiva o negativa lo que hace a una acción beneficiosa o dañina, poderosa o débil. Cuando la intención es positiva, cualquier acción física o verbal deviene positiva también, como muestra la historia de hombre que cubrió la tsa tsa con una suela de cuero. Cuando la intención es negativa, la acción, aunque pueda parecer positiva, será de hecho negativa. Así pues aprended a tener siempre y en cualquier circunstancia buen corazón. Se dice:

 

Si la intención es buena, los niveles y caminos son buenos.

Si la intención es mala, los niveles y caminos son malos.

Puesto que todo depende de las intenciones,

cercioraos siempre de que son positivas.

 

¿Cómo es que los niveles y caminos son buenos si las intenciones son buenas? Una vez una anciana estaba cruzando un gran río con su hija dándole la mano, cuando la corriente se las llevó. La madre pensó: “¡No importa si se me lleva la corriente, pero que se salve mi hija!”. Al mismo tiempo la hija estaba pensando: “¡Que se salve mi madre, aunque a mí se me lleve la corriente!”. Las dos perecieron ahogadas y como resultado de sus mutuos pensamientos positivos, ambas renacieron en el reino celestial de Brahma.

En otra ocasión, seis monjes y un mensajero se embarcaron en un bote para cruzar el río Yasako. Partieron y cuando habían navegado un cuarto de la travesía, el barquero dijo:

-Llevamos demasiada carga, si alguien sabe nadar por favor que salte al agua. Si no, saltaré yo y uno de vosotros que coja los remos.

Ninguno de ellos sabía nadar, pero tampoco sabían cómo remar. Así que el mensajero saltó al agua y gritó:

-¡Es mejor que muera yo sólo en vez de que muramos todos!

Inmediatamente apareció un arcoiris y cayó una lluvia de flores. Aunque el mensajero no sabía nadar, no se ahogó y pudo llegar a la otra orilla. Él nunca había practicado el Dharma anteriormente, pero este solo pensamiento positivo le reportó inmediatamente estos beneficios.

¿Cómo es que los niveles y caminos son malos si las intenciones son negativas?

Una vez un mendigo se tumbó a la entrada del palacio real y durante toda la noche no cesó de pensar: “¡Cómo me gustaría que le cortasen la cabeza al rey y yo ocupase su lugar!”. Por la mañana se quedó dormido y mientras dormía el rey salió en su carruaje. Una de las ruedas pasó por encima del cuello del mendigo y le cortó la cabeza.

A menos que, con atención y vigilancia, en todo momento y en cualquier circunstancia observéis vuestra mente y recordéis el propósito de vuestra búsqueda en el Dharma, fuertes pensamientos de apego y de odio pueden fácil,ente haceros acumular de un modo absurdo graves acciones negativas. Aunque no era posible que se realizasen los deseos del anciano mendigo, sin embargo el resultado de sus pensamientos maduró inmediatamente. No había ninguna razón para que el rey perdiese su cabeza mientras dormía plácidamente en su preciosa cama del palacio. E incluso si hubiese muerto decapitado, ¿no sería más factible que le hubiese sucedido el príncipe heredero? E incluso si no hubiese sido así, ¿hubiesen dejado los ministros, que son como tigres, leopardos y osos, que ocupase el trono un viejo miserable? Si no observáis cuidadosamente vuestra mente, incluso ridículos pensamientos negativos como éste pueden aparecer. Como dice gushe Shawopa:

 

¡No reinéis en un reino imaginario de infinitas posibilidades!

 

Un día el Buda y sus monjes fueron invitados a comer en el hogar de un benefactor. Entre los mendigos que se encontraban allí, había un joven kshatriya y un joven brahmán fue a mendigar antes de que el Buda y los monjes hubiesen sido servidos y no recibió nada. El kshatriya esperó hasta que todos hubieron sido servidos y recibió los restos abundandantes y deliciosos de los boles. Esa tarde, en el camino, los dos mendigos comentaban:

-Si fuese rico -dijo el joven kshatriya- honraría al Buda y sus monjes ofreciéndoles vestidos, limosnas y todo lo que tuviese durante el resto de mi vida.

– Si yo fuese un rey poderoso -dijo el joven brahmán- haría decapita a ese asceta con la cabeza pelada y a toda su banda.

El kshatriya fue a otro país y se instaló en la sombra de un gran árbol. Mientras que las sombras de los otros árboles se desplazaban, la sombra de ese árbol permanecía inmóvil. Entonces, el rey de ese país acababa de morir y puesto que no tenía heredero, la gente decidió que la persona con más mérito y más poderosa del lugar sería su rey. Salieron en busca de su nuevo soberano y encontraron al joven kshatriya durmiendo bajo su árbol, todavía a la sombra aunque hacía ya mucho que había pasado el mediodía. Le despertaron y le hicieron rey. Posteriormente, honró al Buda y a sus discípulos como había deseado.

En cuanto al joven brahmán, cuenta la historia que se tumbó en un cruce de caminos a dormir y un carro que pasaba por allí le cortó la cabeza.

Si aprendéis a tener siempre unicamente pensamientos positivos, todos vuestros deseos para esta vida se harán realidad. Los dioses benévolos os protegerán y recibiréis bendiciones de los budas y bodhisattvas. Todo lo que hagáis será positivo y en el momento de vuestra muerte no sufrireis. En vidas futuras, renaceréis siempre en los reinos de los dioses y de los hombres hasta que finalmente obtengáis la budeidad perfecta.

No os precipiteis, sin observar vuestros pensamientos, a hacer un gran despliegue de actos virtuosos: postraciones, circunvalaciones, oraciones, recitaciones de mantras, etcétera. Es más importante observar vuestra mente continuamente y cultivar un buen corazón.

  1. LA GENERACIÓN DE LA BODHICHITTA

 

  • Clasificación según los tres tipos de coraje

 

1.1 EL CORAJE DEL REY

Un rey primero vence a sus adversarios, exalta a sus partidarios y se proclama soberano Sólo después de haber hecho esto, empieza a ocuparse de de sus súbditos. Del mismo modo, desear obtener primero la budeidad uno mismo para posteriormente establecer en la budeidad a todos los seres es generar bodhichitta a la manera del rey.

 

1.2 EL CORAJE DEL BARQUERO

Un barquero desea llegar a la otra orilla al mismo tiempo que sus pasajeros. Del mismo modo, desear obtener la budeidad uno mismo al mismo tiempo que todos los demás seres es generar bodhichitta a la manera del barquero.

 

1.3 EL CORAJE DEL PASTOR

Los pastores llevan a las ovejas delante de ellos, asegurándose de que sencuentren agua y pastos y que no sean atacados por los lobos, chacales y otras bestias salvajes Ellos las siguen detrás. Esa es la actitud de aquellos que desean establecer a todos los seres de los tres mundos en el nivel de la budeidad perfecta antes de obtenerla ellos mismo.

La manera del rey denomindad “genera bodhichitta con el gran deseo” es la que implica menos coraje. La manera del barquero denomindad “generar bodhichitta con sabiduría sagrada “implica más coraje. Se dice que Maitreya desarrolló bodhichitta de este modo. La manera del pastor denomindad “generar bodhichitta de modo incomparable” es la que implica mayor coraje de las tres. Se dice que es la manera en que Manyusri desarrolló bodhichitta.

 

  1. Clasificación según los niveles  de los bodhisattvas

En los caminos de la Acumluacióń y la Conexión el desarrollo de la bodhichitta se denomina “generar bodhichitta practicando con aspiración”. Desde el primer al séptimo nivel de los bodhisattvas se denomina “generar bodhichitta con una intención suprema perfectamente pura”. En los tres niveles puros se denomina “generar bodhichitta totalmente madura”. Y en el nivel de la budeidad es “bodhichitta sin ningún oscurecimiento”.

 

  1. Clasificación según la naturaleza de la bodhichitta

Hay dos tipos de bodhichitta: relativa y absoluta.

 

3.1 BODHICHITTA RELATIVA

La bodhichitta relativa tiene dos aspectos: la aspiración y la aplicación.

 

En el Bodhicharyavatara, Shantideva dice:

 

Así como sabe cuál es la diferencia

entre querer ir e ir,

un hombre sabio debe entender

la diferencia entre estos dos aspectos sucesivos.

 

3.1.1 La aspiración

Tomad como ejemplo un viaje a Lhasa. Lo primero es pensar en ir a Lhasa. El pensamiento inicial de querer hacer que todos los seres alcancen el nivel de la budeidad perfecta es el aspecto de la bodhichitta, similar al deseo de ir.

 

3.1.2 La aplicación

A continuación preparáis los caballos y las provisiones necesarias, os ponéis en camino y vais a Lhasa, Similarmente, decidís practicar la generosidad, mantener la disciplina, cultivar la paciencia, practicar con diligencia, permanecer en la absorción meditativa y entrenar la mente en la sabiduría a fin de establecer a todos los seres en el nivel de la budeidad perfecta y así ponéis estas seis perfecciones trascendentales realmente en práctica. Esto corresponde al viaje en sí y es el aspecto de la aplicación de la bodhichitta.

 

3.2 BODHICHITTA ABSOLUTA

Los aspectos de aspiración y aplicación son ambos bodhichitta relativa.

Entrenándose durante mucho tiempo en la bodhichitta relativa en los caminos de la Acumulación y la Conexión, se llega finalmente al camino de la Visión, donde se tiene la experiencia auténtica de todos los fenómenos en su naturaleza propia, la Realidad última. Ésta es la sabiduría más allá de cualquier elaboración mental, la vacuidad. Entonces la bodhichitta absoluta ha sido generada.

 

  1. El voto de la bodhichitta

    […]

Generar bodhichitta es la quintaesencia de los ochenta y cuatro mil métodos enseñados por el Buda. Si se tiene, es suficiente en sí misma; pero si se carece de ella, todas las demás instruccioness son inútiles. Es la panacea universal, un remedio para cientos de males. Todas las demás prácticas del Dharma, como las dos acumulaciones, la purificación de los oscurecimientos, las meditaciones en las deidades, las recitaciones de mantras, son simplemente medios para hacer que esta joya que colma todos los deseos, la bodhichitta, pueda nacer en la mente. Sin bodhichitta, ninguno de esos métodos puede llevarnos a la budeidad perfecta por sí mismo. Pero una vez que la bodhichitta se ha engendrado en vosotros, cualquier práctica de Dharma que hagáis os llevará a obtener la budeidad perfecta. Por lo tanto, entrenaos en todo momento y con todo tipo de medios para que pueda engendrarse en vuestra mente incluso la chispa más diminuta de bodhichitta.

[…]

Se dice que  lo más importante de la suprema bodhicitta no es generarla, sino haberla generado. Es necesario que el amor y la compasión de la bodhichitta estń realmente presentes en nosotros. Recitar la oración cientos de miles de veces sin dejarse impregnar de su significado es completamente inútil. Tomar el voto de bodhichitta delante de los budas y bodhisattvas y no guardarlo es estafarles. No hay peor falta que ésa. En todo momento, evitad actuar fraudulentamente con los seres y tratad de cultivar la bodhichitta.

 

III. LOS PRECEPTOS DE LA BODHICHITTA

Los preceptos de la bodhichitta como aspiración son tres: considerar a los demás igual que uno mismo, cambiarse a uno mismo por los demás y estimar a los demás más que a uno mismo. Los preceptos de la bodhichitta en aplicación consisten en practicar las seis perfecciones trascendentales [las seis paramitas].

 

 

  • Los preceptos de la bodhichitta como aspiración

 

 

1.1 CONSIDERAR A LOS DEMÁS IGUAL QUE A UNO MISMO

La razón por la que hemos estado vagando en el océano de sufrimiento del samsara desde tiempos sin principio es por creer en un “yo” donde no hay “yo” y en la “existencia inherente de ese yo” que no existe y por el hecho que sólo apreciamos a ese “yo”. Reflexionad del modo siguiente:

“Queremos ser siempre felices y no experimentar ni el menor sufrimiento. En el momento en que algo desagradable nos ocurre lo encontramos insoportable. Incluso pincharnos con una espina o quemarnos con una chispa de fuego nos hace gritar de dolor; no podemos soportarlo. Si un piojo nos pica la espalda, nos sentimos furiosos. Lo atrapamos y lo aplastamos con las uñas con todas nuestras fueras. Incluso después de que lo hemos matado, seguimos frotando nuestras uñas rabiosamente. En la actualidad, la mayoría de la gente piensa que no hay nada malo en matar un piojo. Pero puesto que lo matamos debido al enfado, es una causa segura para renacer en el infierno de la Reunión y el Aplastamiento. Deberíamos estar avergonzados de encontrar insoportables esas molestias tan insignificantes y reaccionar produciendo tanto daño a otros seres.

Al igual que nosotros, todos los seres de los tres mundos desean también ser felices y evitar todo tipo de sufrimiento. Pero aunque desean ser felices, no saben que la felicidad proviene de practicar las diez acciones positivas. Aunque no desean sufrir, se dedican continuamente a cometer las diez acciones negativas que traen el sufrimiento. Sus acciones van en contra de sus deseos más profundos y por lo tanto sufren constantemente. De todos esos seres, no hay ni uno solo que no haya sido, desde tiempos sin principio, nuestro padre o nuestra madre.

Ahora que hemos sido aceptados como discípulos por un auténtico maestro espiritual y que hemos empezado a practicar el Dharma sagrado y podemos distinguir entre lo que es beneficioso y lo que es dañino, debemos preocuparnos afectuosamente por todos los seres, nuestras antiguas madres, que están tan esclavizados por su propia ignorancia, y debemos dejar de hacer diferencias entre ellos y nosotros. Sobrellevando su ingratitud y parcialidad, debemos meditar en que los amigos y los enemigos son iguales”.

Pensando de este modo, meditad en ello reiteradamente.

Cualquier felicidad o beneficio que deseéis para vosotros, otros los desean igualmente. Así pues, cuando os esforcéis por conseguir vuestra propia felicidad, esforzaos también por conseguir la felicidad de los demás. Esforzaos en evitarles el más ligero sufrimiento como tratáis de evitarlos para vosotros mismos. Al igual que os sentís complacidos con vuestro bienestar y prosperidad, alegraos de corazón cuando otros disfruten de ellos. En resumen, sin hacer distinciones entre vosotros y los demás seres de los tres mundos, consagraos completamente a encontrar los medios para que todos sean felices, ahora y siempre.

Cuando Trungpa Sinachen le pidió una enseñanza completa en una única frase a Padampa Sanguie, éste le respondió:

-¡Lo que tú deseas, otros lo desean también; por lo tanto actúa en consecuencia!

Por lo tanto, erradicad totalmente todas las actitudes erróneas sustentadas por el apego y la aversión que os hacen preocuparos sólo por vosotros y detestar a los demás, y considerad a los demás igual que a vosotros mismos.

 

1.2 CAMBIARSE A UNO MISMO POR LOS DEMÁS

Mirad a alguien que esté sufriendo realmente por alguna enfermedad, hambre, sed u otra aflicción. O si no es posible, imaginad que tal persona está en frente de vosotros. Cuando exhaléis, imaginad  que le estáis dando toda vuestra felicidad y lo mejor de todo lo que tengáis: vuestro cuerpo, vuestra riqueza, vuestros méritos…., igual que cuando uno se desviste y viste a otros con su ropa. Luego, cuando inhaléis imaginad que estáis tomando de cualquier aflicción y es feliz. Empezad esta meditación de dar la felicidad y tomar el sufrimiento con un solo individuo y luego gradualmente ir incluyendo a todos los seres.

Cuando algo desagradable o doloroso os ocurra, pensad sinceramente con compasión en todos los seres de los tres mundos que están en ese momento sufriendo tanto como vosotros. Desead que todo su sufrimiento pueda madurar en vosotros y que ellos pueda estar libres de ellos y ser felices. Cuando os sintáis bien o seáis felices, desead que esa felicidad pueda extenderse y haga felices a todos los seres.

Esta práctica de bodhichitta de cambiarse a uno por los demás es la quintaesencia última e infalible en la que tienen que meditar todos aquellos que se han adentrado en el camino de las enseñanzas del Gran Vehículo. Si experimentáis realmente ese intercambio incluso una sola vez, purificará las acciones negativas y oscurecimientos d muchas kalpas producirá la una inmensa acumulación de méritos y sabiduría, y os salvará de los reinos inferiores y de cualquier renacimiento que os pueda llevar a ellos.

En una vida anterior, el Buda renació en un infierno donde los seres que allí vivían eran forzados a tira de carros. Él fue enganchado a un carro junto a otro llamado Kamarupa, pero ambos estaban demasiado débiles para mover el vehículo. Los vigilantes del infierno los apremiaban y los golpeaban con armas incandescentes, produciéndoles sufrimientos espantosos. El futuro Buda pensó: “Aunque somos dos no podemos mover el carro y cada uno de nosotros está sufriendo tanto como el otro. Tiraré del carro y sufriré yo solo  así al menos Kamarupa podrá sentirse aliviado”.

Le dijo a los vigilantes:

-Pongan sus guarniciones sobre mis hombros, voy a tirar del carro yo solo.

Pero os vigilantes se enfadaron:

-¿Es que hay alguien que pueda evita que los seres tengan que experimentar su propio karma? -le dijeron y le golpearon con sus porras en la cabeza.

Debido a ese buen pensamiento, el Buda dejó inmediatamente esa vía en el infierno y renació en un reino celestial. Se dice que fue así como empezó a beneficiar a los otros.

En otra de sus vidas anteriores, el Buda nació siendo la “hija” del capitán Vallabha y fue de nuevo liberado del sufrimiento de los reinos inferiores tan pronto como experimentó realmente ete intercambio de sí mismo por los demás.

Había una vez un cabeza de familia llamado Vallabha a quien se le habían muerto todos sus hijos. Por eso, cuando tuvo otro hijo decidió llamarle “Hija” con la esperanza de que pudiese sobrevivir. Vallabha entonces se embarcó a la búsqueda de piedras preciosas, pero su barco se hundió y murió ahogado.

Cuando este hijo creció le preguntó a su madre cuál había sido la ocupación de su padre. Su adr temiendo que si le decía la verdad se fuera también a navegar, le dijo que su padre había sido vendedor de granos. Así que Hija se dedicó a a venta de granos y cuidaba a su madre con los cuatro karsas que ganaba cada día. Pero pronto los otros comerciantes de grano le dijeron que no era miembro de su gremio y que por lo tanto no era apropiado que se dedicase a ese comercio. Forzado a abandonarlo, volvió de nuevo a interrogar  a su madre. Esta vez l dijo que su padre había sido vendedor de incienso. Empezó a vender incienso y con los ocho karsas que ganaba cada día cuidaba de su madre. De nuevo Hija fue forzado a abandonar ese comercio y su madre le dijo entonces que su padre había sido comerciante de tejidos. Se dedicó a vender tejidos y le daba a su madre dieciséis arsas cada día. Pero de nuevo tuvo que abandonar el negocio forzado por los otros comerciantes de tejidos. Esta vez su madre le dijo que pertenecía al gremio de los joyeros. Empezó a vender joyas y traía a casa diariamente treinta y dos karsas para su madre. Fue entonces cuando los otros joyeros le dijeron que pertenecía al gremio de los que se dedicaban a traer joyas de sus viajes por los océanos y que ese es el trabajo para el que él había nacido. Cuando regresó a casa ese día le dijo a su madre:

  • Pertenezco al gremio de los buscadores de joyas. Así pues navegaré por el gran océano para desempeñar mi trabajo.
  • Es verdad -le dijo-, tú perteneces al gremio de los buscadores de joyas. S vas, morirás también. ¡No vayas por favor! Quédate y comercia por aquí.

Pero Hija era incapaz de obedecerle y preparar todo lo necesario para el viaje. Cuando iba a partir, su madre no podía dejarle marchar y le cogió de la orilla de sus vestiduras y se puso a llorar. Hija se enfureció:

-Tus lágrimas me van a traer mala suerte en mi viaje por el océano -le gritó golpeándola en la cabeza. Y se fue.

Durante el viaje, su barco naufragó y casi toda la tripulación murió ahogada, pero Hija se agarró rápidamente a una tabla que le llevó hasta una isla. Llegó   a una localidad cuyo nombre era Alegría. En una casa espléndida hecha de materiales preciosos, cuatro bellas diosas le esperaban. Ellas le prepararon un asiento con cojines de seda y le ofrecieron las tres sustancias blancas y las tres sustancias dulces. Cuando se disponía a partir, le advirtieron que no fuese hacia al sur porque le ocurriría una gran desgracia si lo hacía. Pero Hija no les prestó atención y partió.

Llegó a otra localidad denominada Alegre, más bonita incluso que la anterior. Allí ocho bellas diosas estuvieron a sus servicio. Como a la vez anterior le advirtieron que una gran desgracia le aguardaba si iba hacia el sur. Pero no les prestó atención y prosiguió su camino.

En una localidad denominada Embriaguez, más perfecta todavía que las anteriores, fue acogido por dieciséis diosas maravillosas que también le sirvieron y le advirtieron como anteriormente; pero fue inútil.

Siguió su camino y legó a una fortaleza banca cuya parte superior tocaba el cielo. Se llamaba el Castillo del Maestro Brahma y aquí treinta y dos encantadoras diosas le invitaron a entrar. Le prepararon un diván con cojines de seda le sirvieron las tres sustancias blancas y las tres sustancias dulces y le rogaron que se quedara. Pero él quería marcharse. Cuando se disponía a partir le advirtieron:

-¡Vayas adonde vayas, evita ir hacia el sur pues te ocurrirá una gran desgracia!

Pero él quería ir hacia el sur y hacia el sur fue.

Pronto encontró ante él una fortaleza de hicieron cuyas torres llegaban hasta el cielo. En la entrada había un hombre negro con unos ojos rojos aterradores y una larga barra de hierro en la mano. Hija le preguntó qué había dentro de ese edificio, pero el hombre no le respondió. Hija se acercó, miró dentro y vio a muchos otros hombres iguales que el anterior. Una sensación de terror recorrió todo su cuerpo e hizo que se le erizase el pelo. Él se dijo:

-¡La desgracia, ésta debe ser la desgracia que me advertían!

Entró y vio a un hombre cuyo cerebro estaba siendo triturado por una rueda metálica que rodaba sobre su cabeza.

-¡Qué hiciste par merecer esto? -le preguntó Hija.

-Golpeé a mi madre en la cabeza y éste es el efecto kármico completamente maduro. ¡Y tú? ¿Por qué has venido aquí a buscar el sufrimiento?

-Supongo que he llegado aquí empujado también por m karma – contestó Hija.

En ese momento una voz que venía del espacio dijo:

-Que aquellos que están apresados queden libres  y aquellos que están libres sean apresados.

La rueda metálica de repente empezó a rodar sobre la cabeza de Hija. Su cerebro, como antes el del otro hombre, fue pulverizado y experimentaba un dolor espantosos. Ese dolor despertó en él una intensa compasión hacia todos aquellos que estaban en la misma situación que él. Pensó: “En los reinos del samsara hay otros seres que están sufriendo como yo por haber golpeado a sus madres en la cabeza. Que todo su sufrimiento madure en mí y que sólo yo lo padezca por todos ellos. Que ninguno de ellos experimente nunca de nuevo ese dolor en ninguna de sus vidas sucesivas”.

Inmediatamente la rueda voló por los aires, su agonía cesó y se elevó en el espacio a una altura de siete palmeras en un estado de gran felicidad.

La práctica de bodhichitta de cambiarse a uno mismo por los demás es el método último e indispensable para obtener la budeidad. De hecho, era la práctica principal de los maestros kadampa del pasado. Una vez gueshe Chekawa, que sabía de memoria muchos libros sobre lógica y conocía muchas enseñanzas de las tradiciones antigua y Nueva, fue a visitar a gueshe Chakshingwa. Sobre su almohada vio un pequeño texto y al abrirlo leyó estas frases:

 

Las ganancias y las victorias ogrécesalas a los demás.

Y toma para ti las pérdidas y la derrota.

 

“¡Qué enseñanza más extraordinaria!”, pensó gueshe Chekawa y le preguntó a gueshe Chanshingwa cómo se llamaba esa enseñanza.

-Son Los Ocho Versos de Langri Thangpa  -dijo gushe Chakshingwa.

-¿Quién tiene esas instrucciones?

-Gueshe Langri Thangpa.

Gueshe Chekawa estaba decidido a recibir esas enseñanzas. Primero fue a Lhasa y pasó varios días haciendo circunvalaciones a los lugares sagrados. Una noche, un leproso procedente de Langthang le dijo que Langri Thanga había muerto. Chekawa e preguntó quién era el sucesor del linaje. el leproso le explicó que había dos posibles sucesores, Shangshungpa y Dodepa, pero que no se ponían de acuerdo sobre quié n iba a ser el sucesor. Sin embargo, ellos no estaban discutiendo debido a que estuviesen compitiendo. Shangshungpa le decía a Dodepa:

-V.d es el mayor. Le corresponde ser el sucesor. Le serviré como si fuese Langri Thangpa.

Pero Dodepa le contestaba:

-Pero Vd. tiene muchas más cualidades. Tienen que ser Vd. el sucesor.

A pesar de la percepción pura que cada uno tenía del otro, Chekawa interpretó esta falt de acuerdo sobre la sucesión como un defecto que probaba que ninguno de ellos poseía las enseñanzas de Langri Thangpa. Trató de averiguar quién era el mejor practicante de esas enseñanzas y todos le dijeron que era Sharawa.

Sharawa estaba dando unas enseñanzas de numerosos volúmenes a miles de miembros de la Sangha. Chekawa le estuvo escuchando durante varios días pero no le oyó decir ni una sola palabra de las enseñanzas que buscaba.

“Parece ser que tampoco las tiene -pensó. Le preguntaré. Si las tiene, me quedaré. Si no, me marcharé”.

As que Chekawa fue a ver a Sharawa  que estaba haciendo circunvalaciones  a una estupa. Extendió una tela sobre el suelo y le pidió a Shawa que se sentase un momento pues tenía algo que preguntarle.

-Venerable monje -le respondió Shawara- ¿qué problema tiene? Yo personalmente siempre resuelvo mis problemas sobre mi cojín de meditación.

-He leído en un texto estas palabras: “LAs ganancias y la victoria ofréceselas a los demás. Y toma para ti las pérdidas y la derrota”. Me gusta mucho. ¿Es una enseñanza profunda o no?

-Venerable monje le respondió Sharawa- le guste o no le gusta esta enseñanza, sĺo puede prescindir de ella si no desea obtener la budeidad.

-¿Tiene esta enseñanza?

-Sí, es mi práctica principal -respondió Sharawa.

-Entonces le suplico que me la enseñe- dijo Chekawa.

-¿Puede quedarse conmigo mucho tiempo? Si puede quedarse se la daré.

De él, Chekawa recibió enseñanzas según su experiencia en un proceso continuo de entrenamiento mental que duró seis años. Practicándolas acabó definitivamente con todo vestigio de apego a sí mismo.

No hay un método mejor para eliminar las enfermedades y los sufrimientos de esta vida y para subyugar a los espíritus, las fuerzas negativas y los creadores de obstáculos que esta meditación d bodhichitta de cambiarse a uno mismo por los demás. Meditad en ella con perseverancia, desechando como si fuesen veneno en todo momento y circunstancia los hábitos mentales negativos de darse importancia a uno mismo.

 

1.3 ESTIMAR A LOS DEMÁS MÁS QUE A UNO MISMO

“¡Que los sufrimientos de los otros seres maduren sobre mí aunque tenga que permanecer en el samsara, aunque tenga que renacer en los infiernos, aunque esté enfermo, tenga fiebre o me ocurra cualquier otra desgracia, lo soportaré todo! ¡Que los demás seres disfruten de toda mi felicidad y de todos los efectos de mis buenas acciones!”

Generad este pensamiento desde lo profundo de vuestro ser y aplicadlo siguiendo el ejemplo de los maestros de Atisha, Maitriyogui, Dharmarakshita, y de nuestro maestro Shakyamuni cuando renació como el rey Padma, como una tortuga y como el rey Manichuda.

Una vez Maitriyogui, maestro de Atisha, estaba enseñando el Dharma cuando un hombre que estaba en los alrededores le tiró una piedra a un perro. El maestro dio un alarido de dolor y cayó del trono. La gente que estaba presente, viendo que no le pasaba nada al perro, pensó que Maitriyogui debía estar simulando. Pero Maitriyogui que sabía lo que estaban pensando, les enseñó su espalda en la que podía verse claramente la marca tumefacta de la piedra que le habían arrojado al perro. Todos se convencieron con la evidencia; él había tomado físicamente sobre sí el sufrimiento que la piedra le había producido al perro al golpearlo.

El maestro Dharmarakshita empezó siendo un pandita shravaka de la escuela Vaibhashia. Aunque en los primeros años de su vida nunca había oído enseñanzas sobre el Gran Vehículo, tenía una afinidad natural por esa tradición y sin hacer ningún esfuerzo estaba dotado de una gran compasión.

Una vez cerca de donde él vivía, un hombre sufría una grave enfermedad y el médico le dijo que sólo podría curarse con la carne un ser humano vivo. Si no la encontraba, no habría remedio.

-Si eso le ayuda, le daré la mía -dijo Dharmarkshita.

Y cortando algo de carne de su muslo se la dio al enfermo, que la comío y se curó.

Dharmarkshita que todavía no tenía la realización de la vacuidad, sentía un dolor enorme debido a lo que había hecho pero debido a su gran compasión no estaba arrepentido de ello.

-¿Se siente mejor?  le preguntó al enfermo.

-S´i esto y bien. Pero mire el sufrimiento que le he causado.

-Podría soportar hasta la muerte si eso le hiciera feliz -dijo Dharmarkshita.

Sin embargo tenía tanto dolor que no podía dormirse. Al amanecer, se adormeció y tuvo un sueño. Un hombre completamente blanco se le apareció y le dijo:

-Quienquiera que desee obtener la Iluminación debe pasar por esas pruebas. ¡Bien hecho! ¡Bien hecho!

El hombre le escupió sobre la herida, a frotó con su mano y la herida desapareció sin dejar cicatriz.

Cuando Dharmarkshita se despertó, vio que su herida había desaparecido realmente. El hombre blanco era el Gran Compasivo. en la mente de Dharmarkshita había emergido la realización auténtica de la Realidad  última t as palabras de Los Tratados sobre el Camin Medio de Nagaryuna  brotaban sin interrupción de sus labios.

En el pasado, Cuando Shakyamuni en una vida anterior era un rey llamado Padma, se produjo una grave epidemia entre sus súbditos y muchos de ellos estaban muriendo. El rey llamó a los médicos y les pidió consejo para remediar esa enfermedad.

-Podría curarse con la carne del pez rohita – dijeron-. Esta enfermedad ha oscurecido tanto nuestras mentes que no podemos pensar en otros remedios.

En la mañana de un día favorable el rey se bañó, se puso vestidos nuevos y efectuó una ceremonia de confesión y purificación. Hizo grandes ofrendas a las Tres Joyas y les dirigió esta ferviente oración: “Tan pronto como muera que renazca como un pez rohita del río Nivrita”. Entonces se tiró desde la parte más alta de su palacio que medía mil codos. Renació inmediatamente como un pe y gritaba con voz humana:

-¡Soy un pez rohita, tomad mi carne y comedla!

Todos venían para comerle. Tan pronto como devoraban un lado, el ez se daba vuelta y les ofrecía el otro. Mientras consumían la carne de un lado, el lado previo volvía a regenerarse. De este modo, comiendo cada lado alternativamente, todos los que estaban enfermos pudieron curarse. Entonces el pez les habló:

-Soy Padma, vuestro rey. Abandoné mi vida y renací como un pez rohita para salvaros de la epidemia. Como expresión de vuestra gratitud, dejad de hacer el mal y haced todo el bien que podáis.

Todos le obedecieron y desde entonces nunca más tuvieron malos renacimientos.

En otra ocasión, cuando Shakyamuni había renacido como una tortuga gigante, un barco que transportaba quinientos mercaderes se hundió en el mar. Todos iban a morir ahogados, pero la tortuga les gritó con voz humana:

-Subid a mi dorso. Os pondré a salvo.

La tortuga llevó a todos los mercaderes hasta tierra firme y entonces se derrumbó agotada en la orilla y se durmió. Mientras dormía, una nube de ochenta mil moscas ketaka empezaron a chuparle la sangre. Se despertó y al ver cuántos eran, se dió cuenta de que si volvía al agua o rodaba sobre la arena mataría a todos esos insectos. Así que se quedó donde estaba dándoles su vida.

Posteriormente cuando la tortuga fue el buda, las moscas fueron los ochenta mil dioses que escucharon sus enseñanza y percibieron “la verdad”.

En otra ocasión, el Buda renació en la tierra de Shaketa como el hijo del rey Cresta Dorada y de la reina Belleza Alegre. En su coronilla tenía una protuberancia hecha de una piedra preciosa, de la que fluía un néctar capaz de transformar el hierro en oro. Por eso se llamaba Manichuda, Cresta Enjoyada. Cuando nació llovieron toda clase de sustancias preciosas. Él poseía un elefante llamado Montaña del Magnífico Elefante. Cuando llegó a ser rey, resolvía los asuntos mundanos de acuerdo con el Dharma y desplegaba continuamente una inmensa generosidad, con el cual terminó con la pobreza y la mendicidad.

El rishi Bhrigu le ofreció en matrimonio a su hija, que había nacido de un loto y disponía de todas las señales favorables. De su unión nació un hijo llamado igual que el rey, al que llamaron Cresta de Loto.

Un día el rey decidió organizar una gran ceremonia de ofrecimiento e invitó al rishi Bhrigu y el rey Dushyanta, Difícil de Soportar, entre otros muchos. Entonces Indra, deseando comprobar las intenciones del rey, tomó la forma de un rakshasa. Surgió del fuego de oblación y dirigiéndose hacia el rey le exigió comida y bebida. El rey le ofreció toda clase de platos y bebidas, pero él rechazó todo.

-Todo lo que necesito -dijo con una ligera sonrisa – es la carne y la sangre calientes de alguien que acabe de morir.

Estas palabras preocuparon al rey. “No puedo conseguir tal cosa sin dañar a otros -pensó-. Aunque me mate, nunca dañaré a otros seres. Sin embargo, a menos que le dé lo que pide no va a estar satisfecho. ¿Qué puedo hacer?”

Y decidió que había llegado el momento de ofrecer su propia carne y sangre y le dijo:

-¡Te daré mi carne y mi sangre!

Toda la asamblea se sintió sobrecogida y trataron de disuadirle sin conseguirlo. El rey se abrió la vena yugular y le ofreció su sangre para que bebiera. El raksha bebió hasta saciarse. Entonces empezó a cortarse trozos de carne y el demonio se los comió hasta llegar a los huesos. Los asistentes estaban conmovidos por el dolor. La reina cayó desmayada al suelo. Pero el rey no perdió el control de sus facultades e Indra estaba muy contento.

-Soy Indra -le dijo-. No necesito tu sangre ni tu carne, así que puedes dejar de ofrecérmelas.

Él aplicó néctar divino sobre las heridas del cuerpo del rey, que se regeneró volviendo a su estado anterior.

Posteriormente, Cresta Enjoyada le ofreció a su elefante Montaña del Magnífico Elefante a su ministro Carro de Brahma. Entonces llegó un discípulo del rishi Marichi, que había logrado tener concentración. El rey le recibió con grandes honores y le preguntó qué era lo que deseaba.

-En gratitud por haberme enseñado los Vedas, me gustaría ofrecerle mia mi maestro un sirviente, puest que ahora es anciano y no tienen ninguno He venido a pedirle a su mujer y a su hijo.

El rey les dejó ir. El discípulo partió con ellos y se los ofreció a su maestro.

El rey Difícil de Soportar mientras tanto había estado codiciando el elefante. Fue debidamente informado de que el elefante había sido ofrecido a un brahmán. Pero se negó a escuchar y amenazó con la guerra si no le ofrecían el elefante.

Cuando las tropas enemigas se acercaban, Cresta Enjoyada sentió una profunda tristeza. Pensó: “¡Qué triste es que la codicia pueda transformar en un instante a mi mejor amigo en el peor enemigo! ?¡Si me preparase para luchar podría vencerle fácilmente. Pero muchos seres sufrirían, por lo tanto debo huir!”.

En ese momento, cuatro pratyekabudas aparecieron y le dijeron:

-Gran rey, ha llegado el momento de que vaya al bosque.

Entonces él fue al bosque Prodigios de los Otros. Mientras , sus ministros fueron a pedirle a el joven príncipe a Marichi. Marichi les devolvió al príncipe que se hizo cargo del ejército y combatió. Difícil de Soportar fue vencido y tuvo que retirarse, y sus actividades y pensamientos negativos provocaron epidemias y hambre en su reino.

Cuando Difícil de Soportar preguntó a sus brahmanes que podrá poner fin a todas esas aflicciones, éstos le dijeron:

-La solución es la joya de la coronilla del rey Cresta Enjoyada. Debería pedírsela.

-Pero él probablemente se negará -dijo el rey Difícil de Soportar.

Pero los brahmanes insistieron en que el rey Cresta Enjoyada se la daría; ¿acaso no era famoso por no haberse negado nunca a nada? Entonces envió a un brahmán a pedírsela.

El rey Cresta Enjoyada estaba aseando por el bosque y había llegado cerca de donde se encontraba la ermita de Marichi. Mientras tanto la reina, su esposa, estaba buscando raíces y hojas por el bosque no muy lejos de allí y fue atacada por un cazador.

-¡Rey Cresta Enjoyada, salvadme! -gritó.

Los lamentos lejanos de la reina llegaron a los oídos de Cresta Enjoyada, que se sintió intrigado acerca de lo que podría estar sucediendo y fue a investigar. El cazador al verle acercarse creyó que era el rishi.Temiendo que le maldijiese huyó. Cresta Enjoyada vio a la reina, que siempre había disfrutado del inmenso bienestar de la corte real, en tal estado de abatimiento que se sintió profundamente conmovido. “¡Qué triste!- pesnó-. ¡No se puede confiar en nada que sea compuesto!”

Fue entonces cuando llegó el brahman enviado por el rey Difćil de Soportar. Le contó al rey su historia y le pidió la joya de su cabeza.

-¡Córtala y llévatela! -dijo el rey.

El brahmán así lo hizo y luego se marchó. En el reino de difícil de soportar cesaron todas las epidemias y el hambre.

Al rey cresta enjoyada le dolía la herida que le habían producido y esto le llevó a sentir una inmensa compasión por todos los seres de los infiernos calientes. Entonces se desmayó.

Mientras tanto debido a los buenos presagios que se estaban produciendo, numerosos dioses y miembros de la corte acudieron a ese lugar.

-¡Oh rey, ¿qué ha sucedido?! -le preguntaron.

El rey se sentó y se limpió la sangre que le cubría el rostro.

-Difćiil de soportar envió a un emisario para pedirme la joya de mi zaba y yo se la di -respondió.

-¿Por qué lo hizo? -le preguntaron.

-No lo hice tratando de conseguir nada para mí. mi único deseo era que en el país de difícil de soportar, pudiesen salvarse  e las epidemias y el hambre. pero, siempre he tenido un gran deseo….

-¿Cuál es?

-Poder proteger a todos los seres respondió.

-Pero después de todo lo que ha ocurrido…, ¿no se arrepiente de nada de os que ha hecho?

-De nada.

Viendo la expresión en su rostro, es difícil de creer.

-¡Si realmente no me arrepiento de haber dado la joya de mi cabeza a Difícil de Soportar y sus súbditos, que mi cuerpo vuelva a ser exactamente como era antes!

Y eso fue lo que ocurrió. Sus seguidores le rogaron entonces que volviese al palacio, pero él no aceptó. En ese momento aparecieron de nuevo los cuatro pratyekabudas.

-Puesto que es capaz de ayudar de tal modo a sus enemigos, ¿por qué no ayuda también a sus amigos? -le dijeron-. Sería conveniente que regresará al palacio.

Él regresó al palacio, y benefició a sus súbditos y les colmó de felicidad.”

 

Extraído de “Las Palabras de Mi Maestro Perfecto” de Patrul Rinpoché, 1997 Editorial Padmakara, versión española páginas 261 -304. Adquiera este libro haciendo clic aquí.

 

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