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Amor y Compasión


“Se distinguen tres clases de amor, según se refiera a los seres, a la naturaleza de las cosas, o que carezca de referencia alguna. El Sutra solicitado por Akshayamati explica:

El amor que tiene por referencia a los seres es el de los bodhisattvas

que acaban de generar la mente del Despertar por vez primera.

El amor que tiene por referencia la naturaleza de las cosas es el de

los bodhisattvas que se han comprometido en la acción.

El amor sin referencia es el de los bodhisattvas que soportan el sin

nacimiento.

 

Aquí estudiaremos solamente la primera forma de amor.

Este amor tiene por objeto la totalidad de los seres.

Consiste en desear que los seres encuentren la felicidad.

Meditamos sobre el amor apoyándonos en el sentimiento de gratitud.

Pensemos en la bondad de los demás. La persona que en esta vida nos ha manifestado mayor bondad es nuestra madre. Es quien nos ha concebido, la que se ha esforzado por nosotros, nos ha mantenido con vida y nos ha educado. Esto se pone de manifiesto en la Prajnaparamita de ocho mil estancias:

 

¿Por qué? Porque nuestra madre nos ha concebido,

ha hecho grandes esfuerzos, nos ha permitido permanecer con vida

y nos ha enseñado todo lo que se debe saber en este mundo.

 

LA BONDAD DE HABERNOS DADO LA VIDA

 

Nuestro cuerpo no surgió de repente con su tamaño definitivo, con sus músculos bien formados y su tez perfecta. Comenzando por los estadios de gelatina blanda y de gelatina más firme, se formó poco a poco en el vientre de nuestra madre, sacando la sustancia de su carne y de su sangre. Se desarrolló absorbiendo la quintaesencia de su alimento. Y pudo constituirse infligiendo a nuestra madre toda clase de oprobios, enfermedades y dolores.

Una vez nacidos, cuando éramos endebles, de nuevo fue ella quien nos cuidó hasta que fuimos grandes y fuertes.

 

LA BONDAD DE HABERSE ESFORZADO POR NOSOTROS

 

Nosotros no llegamos vestidos y adornados, en posición de nuestra herencia y cargados de víveres. Excepto nuestra boca para chilla y nuestro vientre vacío, no poseíamos absolutamente nada. Llegábamos a un lugar desconocido donde todo el mundo nos resultaba extraño. Entonces ella nos dio de comer para aplacar nuestra hambre y de beber para apagar nuestra sed. Nos abrigó contra el frío y nos dio sus bienes para que no estuviéramos desprovistos de todo.

Esto no quiere decir que una madre dé a su hijo lo que ella no necesita. Al contrario, se priva de comer, de beber, de llevar y de utilizar lo que sea para la comodidad de la vida actual, e incluso de ofrecerlos para ser rica en su próxima vida. Verdaderamente, ella cría a su hijo sin preocuparse de su felicidad presente ni de la de sus vidas futuras.

Esto tampoco quiere decir que, lo que da a su hijo, lo haya encontrado fácilmente o con placer. Al contrario, lo obtenido al precio de las acciones negativas, sufrimientos de toda clase de fatigas. Se ha validado de acciones negativas cuando, para que criar a su hijo, se ha hecho pescador o carnicero. Sufre cuando comercia o trabaja en el campo, cuando día o noche la escarcha le sirve de botas y las estrellas de sombrero; cuando la única montura son sus piernas y el único látigo la cinta de sus trenzas. Cuando da a los perros la carne de su pantorrilla y a los hombres la de su cara. Y todo esto por su hijo. y además de esto, cuida de un extraño del que no sabe ni de dónde viene, ni en qué se convertirá y le demuestra mucho más amor que a los seres benévolos como su padre, su madre o su amigo espiritual. Lo contemplo con cariño, le envuelve en su suave calor, lo acaricia con los dedos y le dice palabras tiernas: “¡Cucú! ¡Mi hijito! ¡Mi tesoro! ¡Qué feliz es mamá!”.

 

LA BONDAD DE HABERNOS MANTENIDO VIVOS

Al principio no sabíamos alimentarnos, no teníamos fuerzas para realizar la menor tarea difícil; éramos como gusanillos, indolentes, incapaces y estúpidos. Ahora bien, nuestra madre, lejos de abandonarnos, se puso a nuestro servicio. Nos sentó en sus rodillas, nos protegió del fuego y del agua, nos impidió caer al vacío y nos alejó de todos los peligros. Por miedo de vernos morir o caer enfermos, Mandó a hacer adivinaciones, estudios astrológicos, rituales, lecturas de textos sagrados, prácticas espirituales y a saber cuántas cosas más. Protegió nuestra vida de mil maneras.